Martes 09 de junio de 2026
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LA FIFA PONE EL MUNDIAL BAJO LLAVE

LA FIFA PONE EL MUNDIAL BAJO LLAVE

Le roba el fútbol a los aficionados

A estas alturas, ya nadie cree que la Copa del Mundo de la FIFA 2026 es solamente una fiesta deportiva. Hay restricciones tremendas sobre propiedad intelectual, transmisiones públicas restringidas e incluso comercios cercanos que no podrán operar durante los partidos. 

Todo eso exhibe cómo la FIFA administra el evento como su propio monopolio, lejos de la pasión y el amor de los aficionados por sus identidades y selecciones. La FIFA, tal vez una de las multinacionales más voraces de la historia de la humanidad, protege a sus marcas, sus patrocinadores, sus propios símbolos y los espacios de los que se apropió expulsando a quienes representan una "amenaza comercial".

El problema no está en que defienda derechos, sino que se excede. La FIFA convertirá cada bar, restaurante y pantalla pública en un potencial infractor de derechos de autor. En nombre de su negocio, criminaliza la convivencia social alrededor del fútbol, es decir, la verdadera esencia de la Copa Mundial. 

La FIFA, campeona de su negocio, quiere estadios llenos, que los gobiernos paguen por ciudades decoradas, que las marcas logren aficionados eufóricos e instituciones que les pongan infraestructura, seguridad y promoción turística. Pero no ponen nada de su parte. 

Mientras exigen todo eso y mucho más, están imponiendo límites estrictos para que nadie aproveche comercialmente el ambiente mundialista salvo ellos. Envían el mensaje de celebrar, pero no demasiado; vender, pero no con sus símbolos, encender pantallas, pero solo bajo sus términos; hacer fiesta, pero no toquen la marca sagrada. 

Ésa es la tragedia y la contradicción. El Mundial se ha basado, desde la primera copa hace 96 años, en la pasión colectiva, y la FIFA quiere convertirlo en una propiedad privada, ya lo ha hecho antes, pero nunca como en esta ocasión. 

Por eso, es necesario reflexionar que, cuando una fiesta popular depende más del permiso corporativo que del corazón de la egnte, el fútbol deja de parecer un juego apasionante que pone en juego héroes, villanos, identidad, historias, orgullo y talento, y comienza a convertirse en la franquicia de millonarios a los que no les importa para nada el balón.

Elmo Renista
Elmo Renista Columnista

Columnista de BCTneus