En este espacio comentamos que el 7 de marzo se definieron muchas cosas al decir que las coordinaciones de Defensa de la 4T en los 17 estados que contenderán el año próximo se definirán el 22 de junio. Pero en Baja California no solo se movió el calendario político por arriba de la mesa, sino que las patadas por debajo también iniciaron.
Ningún aspirante se salva de recibir un golpe. Nadie lo reconoce, pero todos lo ven al entrar a las redes digitales. No hay comunicados oficiales, no hay denuncias formales con nombre y apellido, pero sí hay señales de que entre morenistas se están golpeando.
La “campañas negras” no aparecen en espectaculares firmados ni en conferencias de prensa. Pero lo que veremos los próximos tres meses que nos separan de junio serán filtraciones de comunicaciones hechas en confianza, rumores con o sin fundamento, narrativas de descalificación y golpeteo político.
Es el tipo de operación que no busca convencer al electorado, sino debilitar al adversario interno antes de que llegue a la encuesta.
Pero hay algo que los morenistas no deben olvidar. Su propio partido evidenció la preocupación de que algo así pasara
El propio partido, a nivel nacional, evidenció la preocupación al prohibir expresamente estas prácticas de ataque sin ética y sin valores. La medida no es preventiva, es reactiva. Morena entendió que el riesgo no está afuera, sino adentro.
En Baja California la situación es evidente y se irá haciendo más compleja con el paso de las semanas. El juego está abierto y con él la competencia real.
Lo más revelador es el silencio. Nadie acusa directamente porque hacerlo significa dar por el traste con el discurso de unidad. Todos los aspirantes quieren para ellos el crédito electoral de MORENA y no faltara quien recurra a los golpes bajos y a la falat de ética para lograrlo.
De cara a junio, la pregunta no es si existen campañas negras sino quién será capaz de llegar intacto al mes de junio. Es decir, ganará el más fuerte, el que logre sobrevivir al fuego interno.