SERGIO MAYER Y LA POLÍTICA COMO SHOW
La decisión del diputado Sergio Mayer de dejar su curul para irse a Estados Unidos a La Casa de los Famosos es un respiro para los morenistas, que se libran de una figura distinguida por la banalidad y los malos resultados.
El caso del diputado yéndose a un reality show no es una anécdota pintoresca, sino un síntoma inquietante del estado actual de la política mexicana. La salida de Mayer es una oportunidad para la 4T de mejorar los perfiles que ingresan a sus filas.
Lo que está en juego no es su derecho individual a participar en un programa televisivo, sino el significado mismo de la representación pública, y para lo que ha recibido un salario que no es bajo.
Mayer intenta justificar su salida bajo un discurso sofisticado, diciendo que los realities como “experimentos sociales”, plataformas de comunicación política y vehículos para difundir la cultura latina.
Pero su argumento ha generado risas entre los mexicanos, ya que intenta engañar confundiendo deliberadamente dos cosas como el simple entretenimiento y la responsabilidad de los funcionarios públicos.
Un legislador no es un influencer. Su función es deliberar, legislar y rendir cuentas dentro de un sistema democrático que depende de la presencia activa y constante de sus representantes.
Pedir licencia para participar en un espectáculo televisivo muestra que el legislador considera que el cargo público puede convertirse en un trampolín mediático y no en una obligación permanente con los ciudadanos.
Más preocupante aún es la normalización implícita de la política como espectáculo. Cuando Mayer dice que los realities podrían servir para evaluar candidatos, revela que hay quienes creen que la política es un simple concurso de popularidad.
Ante la desconfianza ciudadana, acciones como la de Mayer aumentan la tensión, por eso el acontecimiento es una medida que sirve como oportunidad a los liderazgos morenistas para pensar bien a quienes designan para representar a la compleja sociedad mexicana en el Congreso.