Para la política y los políticos, hay reconocimientos que tienen un pedo especial. Hay respaldos que son cortesías y buenas voluntades, mientras que hay otros que representan auténticas señales.
El apoyo público del influyente diputado federal de MORENA, Alfonso Ramírez Cuéllar, al alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño Ruiz, entra en la segunda categoría.
No hay que olvidar que en cierta etapa en que Ramírez fue dirigente nacional, Burgueño era presidente del partido a nivel estatal y, desde entonces, trabajaban en conjunto.
La razón del respaldo es que el hoy alcalde de Tijuana aparece como pieza funcional dentro del Plan Nacional de Vivienda impulsado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
Es decir, Ismael Burgueño ha demostrado capacidad de aplicar en el municipio más poblado de México la directriz federal, mediante un trabajo conjunto con la SEDATU de Edna Vega Rangel. Eso es lo que Alfonso Ramírez Cuéllar observó.
La clave de todo está, como lectura política, en la coordinación del gobierno de Tijuana con la SEDATU. La instancia a cargo de Vega Rangel se ha ratificado como un puente institucional.
Burgueño Ruiz, por lo tanto, no está improvisando protagonismo, sino que está operando dentro de una estructura que quiere hogares dignos para todos, especialmente en una zona tan crítica como la frontera norte mexicana.
Ahora bien, el reconocimiento también es expectativa, ya que, si Tijuana es un espacio donde el Plan funciona, los resultados tendrán que ser visibles a través de vivienda accesible para los jóvenes.
Lo interesante es que este movimiento coloca a Burgueño en una narrativa mayor que también le da una ventaja en la contienda interna que se ve en el horizonte de 2027. Tener legitimidad en las acciones de bienestar es en sí una ventaja estratégica.