Con el regreso de Trump al poder de Estados Unidos, también ha vuelto una fase que el mundo creía haber superado: la supremacía gringa, por sobre todas las cosas, no solo los países, también la humanidad en sí y la empatía que conlleva en ella misma.
Y no es que antes de él el mundo fuera color de rosa, pero sí es evidente cómo llegó a reafirmar la vuelta de lo que se tardó tanto en superar.
Con Trump, no llegó solo un presidente; llegó toda una ideología que, mundialmente, regresó en ola: "la derecha", sus valores conservadores, pero también intolerantes, invasivos e impositivos, que proyecta no solo hacia adentro, sino también hacia afuera de sus fronteras.
Con ICE como mano derecha y arma, se trata a los paisanos como delincuentes, a quienes no solo expulsan de una tierra que se construyó a base de migrantes; ahora también amedrentan, intimidan y violentan, con acciones que les han costado la vida incluso a sus connacionales; Han provocado el fuego de la manifestación y la protesta contra el uso excesivo de la fuerza bajo la máscara del proteccionismo que, en el fondo, solo es odio a lo que no es como yo ni tiene mis privilegios.
Para afuera, la historia es igual, se proyecta esa superioridad agresiva, donde para negociar primero se golpea, se amenaza y se demuestra el poder, para entonces abrir la conversación con el castigo ya puesto sobre la mesa, y así "el enemigo" en turno debe apelar a la estrategia y la paciencia para sobrevivir a la irracionalidad del contrincante más fuerte