TIJUANA.— El partido que gobierna todo Baja California terminó desalojado de sus oficinas en Tijuana. Alrededor de la una de la tarde de este miércoles comenzó la diligencia judicial en Casa Morena, ubicada en la colonia Los Ángeles, en la zona de La Mesa.
Hassan Martín Franco Ruiz, abogado de la propietaria, explicó que el procedimiento responde a un adeudo cercano a los 160 mil dólares por casi cinco años de renta. Según su versión, hubo un intento de acuerdo, pero no se cumplió y finalmente se ejecutó la orden de entregar el edificio.
El abogado aclaró que la propietaria rentó el inmueble a un particular y que desconocían que funcionaba como oficina de Morena. La dirigencia estatal, encabezada por Rosina del Villar, respondió que el partido pagó puntualmente al subarrendador y que fue esa persona quien dejó de entregar el dinero a la dueña.
En los documentos del juicio citados también aparece el nombre de Víctor Delgadillo García, con un adeudo de 36,800 dólares correspondiente a 16 meses.
Pero el problema de fondo va más allá de los montos. Si Morena sostiene que pagó, corresponde mostrar los comprobantes y explicar cómo una oficina del partido terminó involucrada en un proceso que llegó hasta el desalojo. Pagarle a un intermediario no elimina la responsabilidad de revisar las condiciones del lugar donde opera su dirigencia.
El comunicado tampoco resuelve quién es Víctor Delgadillo García, qué relación tiene con Morena y cómo se supervisó ese contrato. ¿Qué parte del discurso de su fundador, Andrés Manuel López Obrador, contra los intermediarios no terminó de entender la dirigencia estatal?
Morena dice que ya pensaba mudarse porque el edificio no reunía las condiciones necesarias. Pero querer cambiarse de sede no explica cómo se llegó a una orden judicial. Para un partido que presume ser el más grande de América Latina y recibe más recursos públicos que cualquier otro en Baja California, lo mínimo es tener orden en su propia casa.
Este episodio exhibe una falla de gestión que no se arregla anunciando otra dirección. La dirigencia necesita explicar qué pasó, quién supervisaba y qué hará para evitar que se repita. Porque si no puede mantener en orden sus oficinas, cuesta confiar en su capacidad para poner orden entre sus grupos y mantener unida a la militancia.