Maduro usó la migración para conservar el poder: datos oficiales lo confirman
Ocho millones de venezolanos la mayoría antichavistas viven fuera de Venezuela, y Maduro ganó en 2024 por apenas un millón: hay que hacer las cuentas
Caracas tuvo un tenso amanecer el sábado 3 de enero, las imágenes de la detención de Nicolás Maduro y su esposa por las fuerzas estadounidenses crearon conmoción a nivel internacional, analistas políticos debatieron sobre el significado geopolítico de la invasión, y las voces de las redes sociales celebrando y condenando a Donald Trump se extendieron durante las horas siguientes.
Mientras tanto, el territorio al norte del cono sur sigue marcado por fenómenos políticos que han transformado la vida de sus habitantes. Dos saltan a la vista: el éxodo venezolano y una elección polémica con acusaciones de fraude que resonaron más allá de las fronteras y los océanos.
Las cifras oficiales (aunque criticadas) del Consejo Nacional Electoral arrojan 6.4 millones de votos para Nicolás Maduro, así como 5.3 millones para Edmundo González, su principal opositor.
Pero detrás de esos números se esconde un dato más profundo: más de siete millones de venezolanos viven fuera del país según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Se trata, pues, de la diáspora más grande de la historia latinoamericana reciente.
Analicemos los datos: de los casi ocho millones de venezolanos en el extranjero, más de 5.5 millones son mayores de edad, teniendo derecho a votar. Sin embargo, muy pocos pudieron votar en las elecciones presidenciales de 2024.
La razón la documentaron agencias de prensa internacionales. En ciudades como Buenos Aires y Madrid, hubo huelgas de venezolanos debido a que los consulados, controlados por el gobierno, limitaron el registro de votantes y afectaron la apertura de las mesas de votación.
La consecuencia lógica fue un padrón electoral sesgado para que el chavismo conservara la mayoría.
En el escenario real, con 57.9 % de participación, Maduro obtuvo 6.4 millones de votos, 1.1 millones más que González. Pero, si apenas la mitad de los venezolanos en el exilio, unos 2.7 millones, hubieran votado, la situación hubiera cambiado.
Estudios de la Universidad Católica Andrés Vello y reportes de Datanálisis muestran que el 85 % por ciento de la diáspora se identifica con la oposición, lo que aplicado a las cifras del propio gobierno de Maduro arroja que el resultado se hubiera revertido: Edmundo González hubiera ganado la presidencia y dado el poder a la oposición.
Este fenómeno no es un simple accidente. Por lo menos desde 2017, el Estado venezolano ha dificultado la renovación de pasaportes, suspendido consulados en países que critican al régimen y el registro electoral del exterior ha sido simbólico.
Básicamente, Maduro le cerró la puerta del país a sus migrantes y ya no pueden tomar decisiones.
Organismos como Human Rights Watch y la CIDH señalan que esta “ingeniería migratoria y electoral” forma parte de una estrategia más amplia de consolidación del poder. Por eso, quien se va deja de votar. Mientras tanto, quien depende de los programas del Estado en territorio venezolano, vota bajo control.
La ironía es clara: el éxodo venezolano terminó funcionando como la válvula de supervivencia del chavismo. En el exterior, los venezolanos reconstruyeron sus vidas y dentro el gobierno sostuvo el control de un padrón electoral reducido.
La conclusión invita a la reflexión: si un porcentaje significativo de los venezolanos migrantes hubiera podido votar, Maduro y el chavismo le hubieran entregado el poder a Edmundo González. Esto eleva la migración masiva de tragedia humanitaria a factor político, en donde, los venezolanos en el exterior no tenían ningún poder de decisión.
¿Qué cambiará con la caída de Maduro? Es una pregunta que el comportamiento de Donald Trump y la capacidad de acuerdos de Marco Rubio con Delcy Rodríguez responderá