Trump afirma que “tomará Cuba” después de Irán y lanza advertencia militar
El documento también atribuye a La Habana un papel en el aumento de la migración hacia Estados Unidos
La tensión entre Donald Trump y Miguel Díaz-Canel escaló este 1 de mayo, entre nuevas sanciones económicas, advertencias militares y una respuesta directa desde La Habana durante las movilizaciones por el Día del Trabajo.
Desde Washington, la administración de Trump anunció un endurecimiento de las medidas contra la isla a través de un comunicado oficial, en el que sostuvo que Cuba “sigue representando una amenaza extraordinaria para la seguridad del país”. Las acciones incluyen castigos a bancos extranjeros que operen con el gobierno cubano, así como restricciones migratorias más severas y sanciones dirigidas a sectores estratégicos como energía, minería y servicios financieros, además de personas vinculadas con “graves abusos de derechos humanos”.
El documento también atribuye a La Habana un papel en el aumento de la migración hacia Estados Unidos, al señalar que más de 850 mil personas indocumentadas llegaron al país entre 2022 y el otoño de 2024. En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, acusó al gobierno cubano de permitir la presencia de servicios de inteligencia de países considerados adversarios a escasa distancia del territorio estadounidense.
Las medidas han sido interpretadas como un giro más agresivo dentro de una política que, desde enero, ya incluía presiones energéticas y señalamientos sobre la necesidad de un cambio de régimen en la isla. Incluso, el Senado estadounidense rechazó recientemente una iniciativa demócrata que buscaba limitar posibles acciones militares contra Cuba.
En ese contexto, Trump fue más allá del plano económico y lanzó una advertencia directa durante un evento privado en Florida. “Luego de acabar con Irán, porque me gusta acabar los trabajos, haremos que el portaviones Abraham Lincoln […] se detenga a 100 metros de la costa cubana, y dirán: ‘gracias, muchas gracias, nos rendimos’”, afirmó. En el mismo tono, aseguró que “tomará Cuba casi inmediatamente” una vez concluida su campaña en Irán.
La respuesta desde La Habana llegó en medio de una concentración masiva por el Primero de Mayo, realizada frente a la embajada de Estados Unidos, en la llamada “Tribuna antimperialista”. A diferencia de años anteriores, el acto no se llevó a cabo en la Plaza de la Revolución, sino bajo la consigna “la patria se defiende”.
Ahí, Díaz-Canel encabezó la movilización acompañado por el exmandatario Raúl Castro y lanzó un mensaje directo: “Unidos todos, en cuadro apretado, demandamos paz y reiteramos nuestra disposición al diálogo sin condiciones. El miedo no come aquí”.
El presidente cubano también cuestionó la justificación de Washington para endurecer el bloqueo. Señaló que las nuevas restricciones reflejan “pobreza moral” y criticó lo que describió como una política basada en la intimidación. “Nadie honesto puede aceptar la excusa de que Cuba sea una amenaza para ese país”, afirmó.
En la misma línea, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla rechazó las sanciones al calificarlas como un “castigo colectivo” contra la población y sostuvo que se trata de medidas “repudiables pero curiosas y ridículas”. Añadió que son acciones extraterritoriales que violan la Carta de las Naciones Unidas.
Durante la jornada, representantes de la sociedad civil entregaron al gobierno cubano más de 6.2 millones de firmas en respaldo a una declaración contra el embargo estadounidense. Díaz-Canel retomó ese gesto como símbolo político: “Quien quiera saber qué es Cuba que vea los desfiles y actos por el Primero de Mayo; que lea, una por una, las 6 millones 230 mil firmas por la paz contra el bloqueo económico y contra la guerra”.
Las posturas encontradas dejan ver un escenario de confrontación creciente, en el que las sanciones económicas se combinan con mensajes de fuerza, mientras desde la isla se responde con movilización interna y rechazo frontal a la política de Washington.