Europa enfrenta una intensa ola de calor que ha modificado las actividades diarias en distintos países y llevado a algunos habitantes a describir las condiciones como “estar en el infierno”.
En varias zonas del sur del continente, las temperaturas han superado los 40 grados Celsius, lo que ha obligado a modificar horarios laborales, cancelar eventos públicos y restringir actividades deportivas al aire libre.
Las autoridades han emitido alertas sanitarias dirigidas principalmente a adultos mayores, niñas, niños y personas con enfermedades crónicas. Al mismo tiempo, los servicios de salud han registrado un incremento en las atenciones por golpes de calor y deshidratación.
El uso de ventiladores, sistemas de aire acondicionado y refugios climáticos se ha vuelto indispensable para miles de personas. Sin embargo, muchas viviendas europeas no fueron diseñadas para soportar temperaturas tan elevadas, lo que agrava la sensación de sofocación en espacios interiores.
Las noches también permanecen calurosas en diferentes ciudades, una situación que dificulta el descanso y aumenta el agotamiento físico entre la población.
La ola de calor ha afectado carreteras y redes ferroviarias, además de incrementar el riesgo de incendios forestales en distintas regiones europeas.