Donald Trump se prepara para una posible derrota republicana en las elecciones intermedias de Estados Unidos, pero perder el control del Congreso no significaría que el presidente tenga que abandonar sus principales decisiones. Incluso con una mayoría demócrata, conservaría herramientas para bloquear iniciativas de sus adversarios y seguir gobernando mediante facultades ejecutivas.
El mandatario dejó clara su postura antes de la votación del 3 de noviembre. Si los demócratas consiguen una mayoría, advirtió que recurrirá al veto presidencial para frenar sus proyectos y obligarlos, eventualmente, a negociar con la Casa Blanca.
La amenaza tiene sustento en las reglas del sistema político estadounidense. Aunque el Congreso puede aprobar leyes y supervisar al Ejecutivo, el presidente tiene la facultad de vetar los proyectos legislativos. Para superar ese veto, ambas cámaras necesitan reunir dos tercios de los votos, una mayoría mucho más difícil de alcanzar que la mayoría simple.
La experiencia reciente también muestra las dificultades que enfrenta el Legislativo para limitar algunas decisiones de Trump, particularmente en materia militar.
En enero, después de que fuerzas estadounidenses capturaran al entonces presidente venezolano Nicolás Maduro, el Senado avanzó una resolución que buscaba impedir nuevas acciones militares contra Venezuela sin autorización del Congreso. La votación inicial fue de 52 a 47, con el respaldo de cinco republicanos a la iniciativa.
Sin embargo, la resolución no logró avanzar en la siguiente etapa legislativa. El episodio evidenció las divisiones dentro del propio Partido Republicano y las dificultades para imponer límites a las decisiones militares del presidente.
La discusión se extendió también a las operaciones estadounidenses contra Irán. Mientras algunos legisladores cuestionaron la autoridad de Trump para ordenar ataques sin autorización previa, el Congreso ha tenido que discutir recursos adicionales para financiar las operaciones militares. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso estimó que las acciones militares habían costado 38 mil millones de dólares hasta el 1 de agosto de 2026.
Este escenario refleja una de las principales limitaciones del Legislativo: puede cuestionar las decisiones del Ejecutivo, impulsar restricciones y condicionar el presupuesto, pero necesita reunir suficiente respaldo político para convertir esas medidas en límites efectivos.
Otro frente de conflicto ha sido la política comercial. Los aranceles impulsados por Trump han generado disputas sobre el alcance de las facultades presidenciales y el papel que debe desempeñar el Congreso en las decisiones económicas de la administración.
En materia migratoria, el presidente también intentó restringir la ciudadanía por nacimiento mediante una orden ejecutiva. Sin embargo, el 30 de junio la Suprema Corte determinó que la Constitución protege la ciudadanía de los niños nacidos en Estados Unidos cuyos padres se encuentren temporal o irregularmente en el país, por lo que la orden no podía aplicarse en los términos planteados por Trump.
Una eventual mayoría demócrata en la Cámara de Representantes también abriría la puerta a nuevas investigaciones sobre la administración y a una supervisión legislativa más agresiva. Los legisladores podrían solicitar documentos, citar funcionarios y examinar decisiones del gobierno, además de utilizar el presupuesto y las iniciativas legislativas para presionar a la Casa Blanca.
Aun así, una victoria demócrata no garantizaría que Trump acepte negociar ni que sus adversarios puedan revertir todas sus políticas. El alcance de esa oposición dependerá de la composición de ambas cámaras, de los votos que logren reunir y de las decisiones que puedan sostener frente a posibles vetos presidenciales.