La victoria de México de dos tantos sobre Sudáfrica, marcados por Julián Quiñones y Raúl Jiménez, no solámente dejó una postal deportiva para el arranque de la justa mundalista, sino que también le otorgó a Claudia Sheinbaum una narrativa que tiene valor político.
La presidenta no vio el partido desde el palco del Estadio Ciudad de México ni desde Palacio Nacional, sino desde un espacio público en el corazón de la capital del país, entre familias y abandonados.
La decisión de acudir al Deportivo Hermanos Galeana tuvo una carga simbólica evidente. en un Mundial con boletos tan caros y escenarios de élite, la presidenta de México fue popularmente accesible. Ésa es la imagen que busca marcar a una administración.
En la lectura de Sheinbaum, el fútbol se vive como comunidad, no desde un privilegio. Como la cereza en el pastel al movimiento presidencial, el resultado de la selección ayudó, ya que se pudo festejar un triunfo junto a la comunidad.
El país ganó en la cancha y la presidenta acompañó esa emoción desde un lugar socialmente valioso. Una fotografía política con mucho valor.
Esta jugada presidencial forma parte de una táctica mayor, vinculada a la austeridad y la cercanía con la gente. Es también un mensaje a directivos del Mundial, ya que mientras algunos lo viven desde zonas VIP, otros lo miran en pantallas públicas cobijadas con el calor de la gente.
En medio de un escenario de manifestaciones y tensiones constantes, la presidenta colocó en la opinión pública una imagen política valiosa, en la que México triunfó por partida doble.
