MORENA abrió este lunes la sucesión en los estados para 2027 con dos líneas discursivas que tanto propios como extraños notaron con mucha claridad. Por un lado, Ariadna Montiel puso énfasis en el territorio, la organización de las brigadas y la defensa tanto de la transformación como de la sobernía nacional. Citlalli Hernández, por el otro, puso sobre la mesa las reglas, los compromisos y que se acepte el resultado de las encuestas, sea cual sea.
Es decir, la primera habló del movimiento en la calle y la segunda, como presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, de un movimiento bajo control.
Mientras son peras o manzanas, el mensaje nacional va hacia la movilización sin que la situación se desborden. Lo que Montiel y Hernández exponen es que quieren que los aspirantes recorran las colonias, encabecen asambleas, toquen puertas y defiendan el proyecto, y, al mismo tiempo, haya cartas compromiso, que se acepten los métodos, respeten la paridad de género y se sometan a filtros para evitar que lleguen al poder perfiles incómodos que dañen al país.
El morenismo sabe que, dadas las condiciones políticas del día de hoy, el 2027 no solo se triunfará a través de la presencia territorial, sino también de evitar a toda costa rupturas internas y candidaturas que sean vulnerables ante la opinión pública.
En la conferencia de prensa previa al arranque de los registros, la unidad fue la palabra central. Las dirigentes hablaron de administrar esa unidad, cerrar el paso tanto al dedazo como a candidatos que hagan berrinche después, como ha sucedido históricamente en la política nacional.
Para el caso bajacaliforniano, el ex gobernador y líder del Partido del Trabajo, Jaime Bonilla, añadió tensiones importantes. Su potura sobre el PT fue directa, habrá alianza con MORENA solo si les conviene. Más de uno no dudo en pensar que esa "conveniencia" es que su candidata única sea la elegida por la coalición.
Es así que mientras Montiel llama a caminar el territorio y Citlalli pone candados al proceso, el caso de Baja California reitera la importancia de los acuerdos (y los desacuerdos) que se tengan a nivel local. El camino a la sucesión apenas comienza pero estará regido por la capacidad de movilización, el respeto a las reglas, la claridad de las encuestas y, sobre todo, cómo se comporten los aspirantes a partir de ahora.