Hay veces en que la diplomacia exige prudencia y otros en que es necesario tomar acción porque el silencio es igual a indiferencia.
La decisión del Gobierno de México de impulsar acciones legales por la muerte de connacionales en operativos y centros de detención del ICE representa el pasar de la protesta a la acción real.
La presidenta Claudia Sheinbaum marcó una línea clara al afirmar que el Estado mexicano no puede ser omiso frente a connacionales que han perdido la vida bajo custodia o durante operativos migratorios.
No es nada más una declaración política, sino una definición sobre la responsabilidad de un gobierno frente a sus ciudadanos, sin importar en qué país se encuentren. Proteger a los mexicanos más allá de las fronteras.
En la misma línea, el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, anunció una estrategia que combina denuncias, cooperación con la Fiscalía General de la República, acciones contra empresas privadas que administran centros de detención y acompañar a los migrantes en materia de derechos humanos.
Mientras todo sucede, la relación entre México y Estados Unidos seguirá siendo relevante y estratégica, y, precisamente por ello, debe en la rendición de cuentas para proteger la vida de quien dejó su tierra y aportó al desarrollo de Estados Unidos con la única meta de vivir con dignidad.
