Miércoles 22 de julio de 2026
Miércoles 22 de julio de 2026

Menú

¡Enlace copiado!
“Perdóname, compadre, andaba acusándolo de narco”

“Perdóname, compadre, andaba acusándolo de narco”

Columna editorial por BCTneus

Para quienes a mediados de los años noventa seguían las intrigas del PAN con el mismo entusiasmo con el que las revistas Oooorale y TvNotas nos ponían al tanto de que Thalía conocía a Tommy Mottola, Ernesto Ruffo Appel y Felipe Calderón Hinojosa eran las grandes estrellas del sacrosanto, perpetuo y entonces todavía casto Acción Nacional.

Ruffo era la leyenda norteña, el hombre que en 1989 le había arrancado Baja California al PRI y demostrado que el partido fundado por Manuel Gómez Morin podía servir para algo más que organizar asambleas solemnes.

Calderón, en cambio, era el Alejandro Magno purépecha, que recorría el PAN con aires de conquistador balcánico, convencido de que cada comité estatal era una nueva Macedonia.

Eran la antítesis azul, rivales como Messi y Cristiano. Ruffo representaba al panismo norteño, bronco y práctico, al de las botitas, la carretera y la cerveza después del mitin; Calderón encarnaba al nerdo de saco, estatutos, reglamentos y conspiraciones en el Comité Ejecutivo Nacional.

Pero el milagro ocurrió más de 20 años después, tras la detención del exgobernador por su presunta participación en una red de “huachicol fiscal”.

Ruffo está acusado, no sentenciado, y tiene derecho a defenderse ante los tribunales, pero Calderón, su otrora enemigo, no esperó a que los jueces terminaran de acomodar sus papeles antes de aparecer en redes con la espada tuitera de la democracia.

“Gobierno autoritario y déspota. Se han quitado la máscara, para eso querían jueces a modo, para usar la justicia para reprimir políticamente. Morena recurre a la cárcel”, escribió el expresidente.

Y lo sabemos, más de un panista quisiera dejarse envolver por semejante acto de solidaridad, encender una veladora y poner de fondo Amigo, de Roberto Carlos, de no ser porque el mismo Felipe Calderón acusó años atrás a Ruffo de haber entregado Baja California al Cártel de los Arellano Félix.

Y aquello no fue una simple diferencia de opinión, no señor. Calderón no le reclamó haber votado distinto en una asamblea, haberle ganado una candidatura o llegar tarde a la posada del partido para echarse unos jaiboles, sino que lo vinculó públicamente con la organización criminal que durante años sembró cadáveres, terror y corridos en Baja California.

Ahora, con Ruffo detenido, el enfant terrible del Quinceo parece haber decidido que aquello fue apenas una travesura política, una discusión subida de tono entre compañeros o uno de esos malentendidos que ocurren cuando alguien acusa a otro de entregar un Estado a los bad hombres.

Por eso, la presidenta Claudia Sheinbaum, que en esta ocasión no tuvo que escarbar demasiado en la hemeroteca para encontrar la contradicción, respondió: “Esto no es una diferencia, esto es una denuncia”.

Así funciona la memoria de los panistas de linaje Vulturi. Ayer Ruffo era, según Calderón, el hombre que había dejado Baja California en manos del crimen; hoy es prácticamente el Nelson Mandela de Ensenada, preso de conciencia, mártir de la democracia y último defensor de las libertades occidentales antes de llegar al Altiplano Resort.

A este ritmo, que no nos sorprenda que Calderón termine contando que él y Ruffo siempre fueron uña y mugre, y que aquellas acusaciones fueron producto de un error de dedo, una cuenta hackeada o el efecto de unos güisquitos Blue Label… que como diría el querido Alfio Basile, “es un elisssssir”.

Por todo ello no sería raro escuchar a alguien declamar “¡Salú, compadre!… y perdóname, porque andaba acusándote de narco”.


Elmo Renista
Elmo Renista Columnista

Columnista de BCTneus