Apenas ayer jueves se había apagado el tarareo de “¡Dale, Bogueto!” en Palacio Nacional, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum ya estaba sentada frente a Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, para hablar del T-MEC, acuerdos bilaterales y del futuro económico de Norteamérica.
Y es que, en cuestión de horas, el mismo recinto pasó de escuchar “Mi barrio” y a los nuevos valores de “México Canta”, a ser la sede de una reunión entre documentos, cifras y negociaciones capaces de mover inversiones, exportaciones y empleos de un lado a otro de la frontera.
La presidenta informó posteriormente, a través de sus redes sociales, que el encuentro permitió avanzar en la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), así como en diversos acuerdos bilaterales en beneficio de ambas naciones.
A la reunión acompañaron a la mandataria el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y parte del equipo encargado de la relación comercial con Estados Unidos, mientras la delegación norteamericana estuvo encabezada por Jamieson Greer y el embajador Ronald D. Johnson.
Justamente el encuentro ocurrió apenas unos días después de que Claudia Sheinbaum coincidiera con Donald Trump durante la final del Mundial, donde ambos fueron vistos conversando con soltura, sonrientes y abiertos a una comunicación que, al menos en las formas, dejó atrás por unas horas la tirantez que suele envolver la relación bilateral.
Sheinbaum ha entendido que con Trump no basta con responder cada exabrupto ni entrar al intercambio cotidiano de declaraciones. También hay que mantener abiertas las puertas, cuidar las formas y sentar a la mesa a quienes conocen los detalles de una relación comercial que sostiene buena parte de la economía mexicana.
Del palco del MetLife a Palacio Nacional apenas transcurrieron unos días. La conversación cambió de escenario, pero no perdió continuidad, y mientras otros todavía discutían los gestos del domingo, el gobierno mexicano ya los había llevado a la mesa de negociación.
