Ethan Hunt aprendió demasiado tarde que las misiones más peligrosas nunca eran las que organizaba el enemigo. Las realmente letales eran las que le proponía alguien de su propio equipo.
Mission: Impossible convirtió aquella traición en uno de los giros más memorables del cine, pero también dejó una enseñanza que la política mexicana parece empeñada en confirmar una y otra vez: las encerronas más efectivas casi siempre empiezan con una recomendación.
Eso es, en esencia, lo que Marina del Pilar Avila Olmeda asegura que le ocurrió cuando aceptó reunirse con un hombre que, según contó a El País, le fue recomendado por el exgobernador Jaime Bonilla bajo la promesa de hablar sobre el problema de su visa estadounidense.
La conversación, sin embargo, tomó otro rumbo cuando, según relata la gobernadora, comenzaron a hablarle de cargos, sanciones, extradición y otros escenarios que, hasta ese momento, asegura desconocer.
Lo describió como una “emboscada psicológica”, confesó que pensó de inmediato en sus hijos y admitió que recibir a aquella persona fue un error.
Más allá de si esa reunión termina convirtiéndose o no en un asunto judicial, existe un detalle difícil de ignorar: alguien decidió grabarla, conservar ese material y esperar el momento oportuno para hacerlo público.
Esa secuencia, por sí sola, explica por qué Marina sostiene que nunca fue una conversación espontánea, sino un encuentro cuidadosamente preparado.
Bonilla rechaza haber tendido una trampa y niega las acusaciones de la gobernadora, aunque la relación entre ambos hace tiempo dejó de parecer un desacuerdo político ordinario.
Toda guerra política tiene un momento en que el poder deja de ser el premio y el adversario se convierte en el objetivo. Fuego contra fuego, la obra maestra de Michael Mann, retrató ese punto de no retorno; el conflicto entre Marina y Bonilla hace tiempo parece haber entrado en esa fase.
Pero en medio de esa guerra de filtraciones y agravios, Marina ha conservado algo que suele perderse primero cuando la política se vuelve personal… el control del tono.
Mientras del otro lado abundan las amenazas y las promesas de confrontación perpetua, ella ha optado por reconocer su error, presentar una denuncia y dejar que sean las autoridades las que determinen responsabilidades.
La gobernadora, por lo pronto, parece haber entendido que el problema ya no consiste únicamente en defenderse de una filtración, sino en gobernar mientras alguien intenta convertir cada uno de sus errores en sentencia.
Bonilla, en cambio, luce cada vez menos interesado en disputar una versión de los hechos que en asegurarse de que el pleito no termine nunca.
El video difundido esta semana, donde el exmandatario afirma que dedicará el resto de su vida a confrontarla, difícilmente ayuda a rebajar la temperatura de un conflicto que ya rebasó el terreno de las diferencias administrativas.
MORENA, por conducto de su dirigencia nacional, volvió a pedir respeto, cordialidad y unidad, mientras la denuncia presentada por Marina seguirá su curso y serán las autoridades las que determinen quién grabó aquella reunión, quién filtró los audios y con qué propósito.
