Omar García Harfuch llegó a Argentina con algo más que el speech preparado.
Llevó a Buenos Aires una definición de poder, de Estado y de seguridad que pocos funcionarios mexicanos se atreven a plantear ante diplomáticos y jefes de seguridad de varias partes del mundo.
Fue a colocar sobre la mesa la postura de que México enfrenta al crimen organizado con inteligencia, cooperación internacional y una línea muy clara de soberanía.
Y es que el hombre encargado de la seguridad en México fue a sentarse frente a representantes internacionales de seguridad y mandar un mensaje directo sobre la forma en que México enfrenta al crimen organizado transnacional, justo cuando la relación con Estados Unidos obliga a encontrar un equilibrio entre colaboración, resultados y soberanía.
Harfuch agradeció expresamente la colaboración de la DEA y de su administrador, Terrance Cole, en el intercambio de información y la coordinación entre ambos países, lo que dice mucho sobre la estrategia que está construyendo el secretario mexicano, con relación a cooperar con Washington, aprovechar sus capacidades de inteligencia y compartir objetivos, pero sin permitir que esa relación termine convirtiéndose en subordinación de la política de seguridad mexicana.
Justamente esa manera de entender el problema quedó resumida en una de sus frases más importantes: “Las organizaciones criminales operan a través de las fronteras; por ello, nuestra respuesta no puede ser aislada ni fragmentada”.
Sin más, la afirmación describe una realidad que durante años fue evidente, aunque no siempre se enfrentó con la misma lógica, pues los grandes grupos criminales dejaron de ser organizaciones dedicadas únicamente a disputar territorios y se convirtieron en redes capaces de mover dinero, drogas, armas, personas e información entre distintos países.
Ahí está también una de las razones por las que Harfuch se ha convertido en la figura más sólida de la estrategia de seguridad de Claudia Sheinbaum, porque su discurso no descansa solamente en declaraciones de fuerza, sino en inteligencia, investigación, coordinación operativa y ataques a las estructuras financieras, logísticas y criminales que permiten sobrevivir a estas organizaciones incluso después de la captura de alguno de sus dirigentes.
“Ninguna organización criminal puede ser más fuerte que los Estados cuando actuamos coordinados, con determinación y con absoluto respeto a la soberanía de cada nación”, es la frase que nos dejó Harfuch, al proponer que la idea elemental de la superioridad del Estado no puede presumirse desde un podio internacional, tiene que demostrarse todos los días mediante instituciones capaces de investigar, detener, desmantelar redes financieras y recuperar aquellos espacios donde la delincuencia llegó a comportarse como autoridad.