En seguridad pública, quizá uno de los errores más costosos de México ha sido confundir los operativos mediáticos con eficacia.
Y Omar García Harfuch ha logrado colocar la credibilidad en el centro de su gestión, un activo particularmente difícil de sostener para cualquier responsable de la seguridad en el país.
¡Pero ojo! No porque haya encontrado una fórmula milagrosa contra el crimen, sino porque su trabajo empieza a mostrar una lógica reconocible, que se basa en investigar antes de actuar, coordinar instituciones que demasiadas veces han trabajado por separado y procurar que cada operativo tenga la solidez suficiente para cimbrar las huestes del crimen organizado.
El mejor ejemplo de ello es el reciente aseguramiento de 120 kilos de pastillas de fentanilo en Mexicali, un golpe duramente asestado al grupo delictivo de “Los Rusos”, brazo operativo de “Los Mayos”.
En palabras de expertos en materia de seguridad, más allá del volumen decomisado o de la organización presuntamente vinculada al inmueble, lo significativo está en el método, destacando el la información compartida con la DEA, investigación de autoridades mexicanas y una operación conjunta de instituciones federales.
Ahí radica buena parte de la fortaleza política de Harfuch, cuyo discurso no necesita construir la ficción de que México puede combatir solo un fenómeno criminal transnacional.
Sin embargo, y con especial énfasis, Harfuch tampoco presenta al país como subordinado a Washington, y las instituciones conservan responsabilidades, atribuciones y capacidad operativa.
Pero sin duda, hay que ponderar que Harfuch ha conseguido algo particularmente difícil en un área acostumbrada al protagonismo, y es el concepto de proyectar autoridad sin hacer demasiado ruido.
Mientras otros funcionarios necesitan explicar constantemente que están trabajando, Harfuch parece apostar por una fórmula bastante más exigente, como lo es que sean los resultados los que terminen explicándolo a él.
Es justamente por eso que lo ocurrido en Mexicali es muy significativo, y nos deja una señal política y social sobre lo que puede ocurrir cuando la inteligencia, la coordinación y la capacidad del Estado dejan de ser discurso y empiezan a producir resultados.
Harfuch ha encontrado la llave y México y de eso no hay duda… la clave será mantenerse con esa misma metodología.