Martes 25 de agosto de 2026
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Rocha y la memoria de conveniencia

Rocha y la memoria de conveniencia

Columna editorial por BCTneus

Hace apenas unas semanas, alrededor de Rubén Rocha Moya todavía retumbaba aquella consigna diseñada para demostrar respaldo político.

“¡No estás solo, no estás solo!”, no era únicamente una expresión de solidaridad, sino una fotografía del poder cerrando filas, una manera de comunicar que frente a la presión existía un grupo dispuesto a compartir el costo de acompañarlo y que las lealtades permanecían por encima de las circunstancias.

Hoy aquella fotografía comienza a parecer envejecida prematuramente, porque conforme la situación política del gobernador de Sinaloa con licencia, se volvió más complicada, y algunas de las voces que entonces se escuchaban con absoluta claridad han preferido una prudente distancia, como si la memoria también tuviera sentido de supervivencia y pudiera ajustarse según la dirección del viento.

Claro está, es entendible que no se trata de exigir respaldos incondicionales ni de convertir la solidaridad política en un pacto donde nadie pueda modificar su posición ante nuevos elementos, porque cambiar de opinión frente a hechos distintos también puede ser un ejercicio de responsabilidad.

Lo verdaderamente interesante es observar la velocidad con la que ciertas convicciones públicas pueden convertirse en silencios privados cuando sostenerlas comienza a representar un costo.

Milan Kundera escribió que “la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”, una idea particularmente incómoda cuando se traslada a la política, donde recordar suele depender demasiado de aquello que resulte conveniente recordar.

Por eso vale recuperar aquel “no estás solo”, no para repartir culpas por asociación, sino para preguntarse qué cambió entre aquella demostración colectiva y la distancia actual.

Si entonces existían razones suficientes para acompañarlo y hoy dejaron de existir, sería legítimo conocer cuáles fueron los hechos que modificaron esas convicciones; de lo contrario, queda inevitablemente la impresión de que estamos ante el viejo “si te vi, ni me acuerdo”, elevado de expresión popular a método de supervivencia política.

La memoria selectiva siempre ha sido una herramienta extraordinariamente útil para el poder, porque permite presumir lealtades durante los días soleados y descubrir diferencias irreconciliables cuando comienza la tormenta.

Por eso el problema de fondo tal vez ya no sea determinar quién dejó solo a Rocha Moya, sino preguntarse cuántos de quienes hace unas semanas gritaban que jamás lo estaría ahora confían en que nadie recuerde que también formaban parte del coro.

Elmo Renista
Elmo Renista Columnista

Columnista de BCTneus