Morena ya comenzó a definir su ruta hacia 2027 y las primeras designaciones de coordinadores estatales dejan ver que el partido ya comienza a ordenar su estructura, medir liderazgos y colocar perfiles con capacidad territorial en posiciones que tendrán un peso evidente en la siguiente disputa por el poder.
Los nombramientos de Nora Ruvalcaba en Aguascalientes, Pablo Gutiérrez Lazarus en Campeche y Rosa María Bayardo en Colima muestran que MORENA está privilegiando perfiles con experiencia partidista, operación política y trayectoria en gobiernos o cargos de representación.
No existe un patrón único entre los tres, pero sí una constante clara, al tratarse de figuras con presencia suficiente para articular al movimiento y sostenerlo en escenarios donde la competencia interna y externa será cada vez más exigente.
El punto central es que estas coordinaciones no deben leerse como simples encargos de organización.
Quienes las encabecen tendrán acceso directo a las bases, interlocución con actores locales y una exposición política que inevitablemente los colocará dentro de la conversación sucesoria.
Negarlo sería ignorar la propia lógica de MORENA y la manera en que el partido ha construido candidaturas en procesos anteriores.
También resulta relevante el mensaje político que acompañó estas primeras definiciones, donde los nuevos coordinadores marcaron distancia frente al exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y coincidieron en que el movimiento no puede proteger a quienes se aparten de sus principios.
Por lo pronto, el partido oficial enfrentará una prueba más compleja que ganar las elecciones, ya que después de años de expansión territorial, deben demostrar que también puede administrar sus contradicciones, procesar sus disputas internas y establecer límites claros para quienes gobiernan bajo sus siglas.
Las primeras decisiones ya comenzaron, y los siguientes Estados -donde ya espera con ansía Baja California- serán mucho más reveladores, porque ahí quedará claro si las coordinaciones responden realmente a criterios de capacidad política y arraigo territorial o si terminan convirtiéndose en la antesala de acuerdos sucesorios previamente pactados.