Cuando Claudia Sheinbaum coloca a la Secretaría de Gobernación como una pieza indispensable de su gobierno, el mensaje trasciende más allá de un reconocimiento a Rosa Icela Rodríguez.
La postura de la mandataria de México confirma que para la estabilidad política del país no puede descansar únicamente en programas sociales, seguridad pública o capacidad presupuestal.
También requiere una dependencia que todos los días procese diferencias, contenga tensiones y mantenga abiertos canales de interlocución con actores que no siempre llegan dispuestos a ponerse de acuerdo.
Ese trabajo suele ser menos visible que una obra pública o un anuncio económico, aunque políticamente puede resultar mucho más delicado.
Y la Secretaría de Gobernación entra justamente donde aparecen los desacuerdos que pueden escalar, los reclamos que exigen respuesta y las decisiones que requieren coordinación entre distintas áreas del Estado.
Por eso tiene sentido que la presidenta Sheinbaum destaque el papel de Rosa Icela Rodríguez.
Su conducción ha apostado por una Secretaría de Gobernación enfocada en la operación cotidiana, en el diálogo con organizaciones y en la atención de conflictos antes de que terminen convertidos en problemas mayores.
En cuanto a la construcción de paz, ésta no puede limitarse a operativos y detenciones, cuando una parte importante del problema nace mucho antes, en comunidades donde durante años faltó presencia institucional, atención social o capacidad de respuesta por parte del gobierno.
Ahí Gobernación tiene un campo de acción que suele pasar desapercibido, ya que su tarea consiste en trabajar donde todavía existe margen para resolver mediante política, acompañamiento institucional y acuerdos.
Gobernación funciona bien cuando logra que un conflicto no escale, cuando consigue que una comunidad vuelva a sentarse con la autoridad o cuando una diferencia encuentra cauce antes de convertirse en ruptura.
Y la relevancia de esta secretaría está justamente ahí, porque un gobierno puede tener buenos programas, grandes presupuestos y una estrategia de seguridad sólida, pero sin capacidad política para procesar tensiones termina gobernando siempre al borde del conflicto.
Sheinbaum parece tener claro ese punto y por eso Gobernación vuelve a ocupar un lugar central.
Y esa política, hoy, ya está dando señales en México.