Domingo 20 de septiembre de 2026
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Mónica Vega pone números al agua que cambiará el futuro de Tijuana

Mónica Vega pone números al agua que cambiará el futuro de Tijuana

Columna editorial por BCTneus

Quienes vivimos en Tijuana entendemos de sobra que sólo basta que el agua falte unas horas para que colapse la ciudad.

La cubeta en el baño, los trastes esperando en la cocina, el tinaco que comienza a vaciarse, los baños del trabajo sin poder usarse y la pregunta que corre sobre cuándo volverá el servicio es lo único que importa en esos momentos.

Todo ello, dice mucho más que cualquier explicación técnica sobre lo delicado que resulta abastecer a una ciudad que no ha dejado de crecer.

Y es que durante años aprendimos a convivir con esa fragilidad y también con la idea de que buena parte del agua tenía que cruzar Baja California para llegar hasta nosotros.

Sin embargo, ahora, y por primera vez en mucho tiempo, esa dependencia comienza a tener una salida de fondo.

Precisamente el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el inicio de los trabajos de la desaladora Tijuana-Rosarito coloca ahí su importancia.

Mónica Vega Aguirre, directora de la CESPT, explicó que Tijuana recibirá mil 600 litros por segundo, Rosarito 300 y Ensenada otros 300, una aportación que permitirá dejar de depender únicamente del Río Colorado y trabajar con dos fuentes capaces de complementarse cuando el consumo aumente o las condiciones obliguen a exigirle más al sistema.

Mónica habla de soberanía hídrica y la expresión tiene sentido cuando se mira desde esta frontera.

No significa prescindir del Colorado, cuya agua seguirá siendo fundamental, sino dejar de colocar prácticamente todas las fichas en el mismo lugar, porque una región con la población, la industria y el ritmo de crecimiento de la zona costa necesitaba desde hace años ese margen.

El Gobierno del Estado realizará las obras complementarias y comenzará la instalación de la tubería necesaria para distribuir el agua producida por la desaladora, de manera que la coordinación con el gobierno de Sheinbaum tendrá una traducción bastante concreta en kilómetros de infraestructura y, finalmente, en agua llegando a las ciudades.

Nadie sensato esperaría que una desaladora resuelva fugas, tuberías envejecidas y cada problema acumulado en una red enorme.

Con todo ese panorama, lo verdaderamente importante es que ataca una de las vulnerabilidades más profundas del sistema y abre una alternativa donde durante demasiado tiempo existió dependencia.

Así que para quienes alguna vez hemos abierto la llave y esperado ese pequeño golpe de aire que anuncia que no viene agua, entender el tamaño de esta obra resulta bastante sencillo.

La mejor infraestructura pública suele ser justamente esa que un día consigue que dejemos de preocuparnos por ella.

Elmo Renista
Elmo Renista Columnista

Columnista de BCTneus