Por ello, la entrega de 200 vales para calzado realizada por el alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño Ruiz, merece una lectura muy particular, que vaya más allá del momento y del número de beneficiarios, pues detrás de cada apoyo existe una familia que encontrará un pequeño alivio en su economía.
Decía Eduardo Galeano que “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.
Y precisamente la frase cobra sentido cuando la solidaridad encuentra en las instituciones públicas un camino para llegar a quienes necesitan respaldo.
Los vales forman parte de una donación de mil pares de zapatos y dos mil vales realizada por empresarios, una colaboración que demuestra cómo la iniciativa privada y el gobierno pueden coincidir en causas donde el beneficio social debe estar por encima de cualquier protagonismo.
Bien dice el refrán que “obras son amores y no buenas razones”, y justamente ahí es donde radica el valor de esta iniciativa, porque la inclusión adquiere verdadero significado cuando se traduce en acciones concretas, particularmente para quienes enfrentan mayores dificultades económicas y sociales.
Ismael Burgueño ha puesto sobre la mesa una acción que merece reconocimiento, pues una ciudad verdaderamente incluyente no se mide por cuánto habla de sus habitantes más vulnerables, sino por cuánto hace para mejorar sus vidas.