Precisamente ahí es donde se encuentra MORENA con el Partido del Trabajo, dos fuerzas que han caminado juntas, pero que todavía tienen asuntos por resolver rumbo a las elecciones de 2027.
Las conversaciones siguen abiertas y, de acuerdo con lo informado por Ariadna Montiel durante la conferencia de ayer martes, Citlalli Hernández mantiene los acercamientos con la dirigencia petista.
La pausa en las reuniones no significa una ruptura, aunque tampoco existe todavía un acuerdo definitivo que permita dar por asegurada la coalición.
El punto delicado está en las inconformidades surgidas durante la definición de las 17 coordinaciones estatales de MORENA, un proceso que dejó al PT con cuestionamientos sobre los mecanismos de selección y la participación de sus propios perfiles.
La mesa técnica acordada en septiembre representa un intento por procesar esas diferencias sin convertirlas en un conflicto mayor.
Conviene entender que negociar no equivale necesariamente a ceder y que mantener una alianza tampoco obliga a satisfacer todas las aspiraciones de quienes la integran.
MORENA tiene una estructura y decisiones internas que busca preservar, mientras el PT pretende asegurar condiciones de participación que considera necesarias para competir conjuntamente.
La verdadera discusión, entonces, no consiste únicamente en determinar cuántas candidaturas corresponderán a cada partido, sino en establecer reglas capaces de sostener una relación política que deberá enfrentar nuevas tensiones conforme se acerque el proceso electoral.
De momento, ninguna de las partes parece dispuesta a cerrar la puerta. Y esa posiblemente sea la señal más importante de estas negociaciones, porque en política, sentarse a la misma mesa no significa estar de acuerdo, pero levantarse antes de tiempo puede resultar mucho más costoso que aprender a negociar.