La mandataria pudo limitarse a reconocer su salida, pero decidió ir más allá, al respaldar la separación del cargo y exigió investigar las presuntas irregularidades.
Su declaración fue categórica: “No puede haber sombras de corrupción en la institución electoral”, afirmación que adquiere especial relevancia considerando los cuestionamientos sobre las cercanías políticas y familiares de Taddei con personajes vinculados a MORENA
Sheinbaum calificó la renuncia como una buena decisión y sostuvo que la Auditoría Superior de la Federación debe determinar si existieron conflictos de interés, abusos o manejo indebido de recursos públicos.
No hubo una defensa automática ni una descalificación anticipada, por lo que pidió que las instituciones investiguen y establezcan responsabilidades.
Por ello, la mandataria manda una señal más que importante en su administración en la que ha dejado claro que la afinidad política no debe representar un cheque en blanco ni convertirse en escudo frente al escrutinio público.
Y es importante también la distinción significativa de la presidenta, al rechazar los ataques misóginos contra Taddei, dejando claro que exigir transparencia no significa justificar agresiones personales. Porque ahora si que una cosa es investigar la actuación de una funcionaria y otra utilizar su vida privada como instrumento de linchamiento.
Por lo pronto, Sheinbaum ha puesto el principio sobre la mesa. Ahora corresponde a las instituciones demostrar que, cuando se trata de rendir cuentas, los colores políticos no pesan más que la ley.