Le decían “El General”, aunque su ejército, según las investigaciones, estaba formado por sicarios, extorsionadores y operadores de una maquinaria criminal que había convertido el miedo en moneda de cambio.
Detrás de aquel sobrenombre se escondía un expediente que parecía reunir buena parte de las miserias del crimen organizado, con investigaciones por secuestro, homicidio, despojo, robo de combustible, lavado de dinero y tráfico internacional de drogas.
Pero la historia de aquel presunto cabecilla sumó ayer un capítulo definitivo, cuando se informó que Edgar Aarón Vázquez Alvarado había muerto durante un operativo en el Estado de México, luego de que agentes federales acudieran a detenerlo y fueran recibidos a balazos.
Fue Omar García Harfuch, secretario de Seguridad federal, quien dio a conocer los detalles del caso e identificó al fallecido como fundador del Cártel Nuevo Imperio, organización con operaciones en el Estado de México, Morelos y la capital del país.
Y ese imperio parecía no conocer fronteras. Las autoridades estadounidenses señalaban a su presunto dirigente como protector de Ryan Wedding, exdeportista olímpico canadiense acusado de encabezar una red internacional de narcotráfico.
Entre los delitos atribuidos a “El General” sobresale uno particularmente doloroso, como lo fue el asesinato de Milton Morales Figueroa, mando policial ejecutado en Coacalco el 21 de julio de 2024, al encontrrse fuera de servicio.
Hasta este noviembre, las investigacioneslo identificaban como autor intelectual de aquel crimen, cuya ejecución dejó una herida profunda entre quienes compartieron años de trabajo con Morales.
Uno de ellos fue el propio García Harfuch, para quien el asesinato de Morales tiene también una dimensión personal. Mientras tanto, su trabajo al frente de la seguridad federal continúa desarrollándose en distintos frentes, como quedó de manifiesto esta semana con el aseguramiento de más de 43 millones de pesos vinculados a una investigación por lavado de dinero y la detención de 32 personas durante 38 operaciones simultáneas en el Estado de México.
Son investigaciones distintas, pero forman parte de una estrategia de inteligencia y coordinación institucional.
Y en el caso de Morales, esa labor tiene el peso de llegar hasta quienes presuntamente ordenaron su asesinato y esclarecer las responsabilidades que todavía permanecen pendientes.
La violencia descrita en estos expedientes recuerda aquella sentencia de William Shakespeare, que decía que “El infierno está vacío y todos los demonios están aquí”.
Y aunque “El General” ya no podrá responder ante un tribunal, quedan preguntas que ninguna ráfaga de balas puede contestar… quiénes lo protegían, cómo circulaba su dinero y hasta dónde llegaban sus complicidades.
Un hombre puede morir en cuestión de segundos, pero las redes que alimentaron su poder pueden sobrevivir durante años, refugiadas entre expedientes inconclusos, silencios convenientes y lealtades compradas.
Edgar Aarón se llevó sus secretos a la tumba, pero dejó demasiadas cuentas pendientes con la justicia.
Y a diferencia del viejo coronel de García Márquez, este General ya no tiene quien le escriba, aunque todavía quedan muchos nombres por escribir en su expediente.