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TINTA DE LA CASA
LA SOMBRA DE LAS VISAS PESA SOBRE POLÍTICOS MEXICANOS
El caso de las supuestas investigaciones y retiros de visa de Alfonso Durazo y el de Américo Villareal, gobernadores de Sonora y Tamaulipas, no es un episodio aislado. Forma parte de la misma historia del caso Rubén Rocha Moya.
Se trata del intento de Estados Unidos de atacar el corazón de la política mexicana.
Cada señalamiento externo contra mandatarios de MORENA deja de ser una anécdota de la diplomacia y se eleva al grado de una acción política relevante.
La presenta cancelación de visas a gobernantes de Sonora y Tamulipas abre el cuestionamiento de ¿cuánto realmente sabe Washington que no explica en México? Y más aún, ¿cuál es el verdadero objetivo de esta acción que tiene una parte de justicia y otra de desestabilización política?
La respuesta mexicana, hasta el momento, ha sido prudente, dejando que los procesos judiciales tanto en México como en Estados Unidos avancen, al mismo tiempo que se sigue defendiendo la soberanía del territorio nacional.
En ese escenario, muy criticado fue el gesto de Durazo de negarse a mostrar físicamente su visa. Esto se puede ver de dos formas. La primera es que nadie está obligado a montar un espectáculo enseñando su documento, y la segunda que, al ser gobernador de un estado fronterizo y al ser presidente del Consejo Nacional de MORENA, ser transparente hubiera sido un acto muy contundente de defensa propia.
Negarse a mostrar el documento no comprueba de ninguna manera que la visa esté realmente cancelada, pero tampoco ayuda a demostrar lo contrario.
Quienes tienen suficientemente conociendo de política saben que los vacíos en el discurso se llenan, generalmente, de sospecha. Ahí es donde MORENA enfrenta un dilema importante, si el caso Rocha fue alarma, la situación revelada este miércoles sobre Durazo y Villareal son una alerta que exigirá acciones contundentes.
NI ENTRE ELLOS SE AYUDAN: EL PRI DERRIBA PRESUPUESTO DEL PES
La resolución de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que revocó el acuerdo que otorgaba 80 millones de pesos en prerrogativas al PES de Baja California, demuestra que la oposición en el estado está fracturada y lejos de poder competirle a MORENA.
El golpe jurídico al partido de Jorge Hank Rhon fue orquestado por priísta Joel Blas (con el apoyo del PT y MORENA), y fue algo sencillo: un intento de redistribución del recurso que otorgan las prerrogativas argumentando un error en el cálculo.
En pocas palabras, fue quitarle al PES para que le toque más al PRI. La oposición está más preocupada en golpearse entre sí que ser una verdadera alternativa frente al partido oficial.
Blas, representante del PRI ante el Instituto Estatal Electoral, fue claro y presumió su triunfo: "le ganamos al PES". La frase tiene fuerza y al mismo tiempo revela el tamaño del problema y lo lejos que están de quitarle a MORENA el poder en Baja California.
Y es que, en teoría, PRI y PES forman parte del bloque opositor frente a MORENA, pero, en la práctica, están enfrascados en un pleito por los recursos y la supervivencia política. Es decir, los líderes de los partidos se están peleando por recursos que no son suficientes para ganar elecciones, pero sí para vivir del erario.
Otro detalle es que el hecho de que PRI, PT y MORENA hayan coincidido en una misma batalla jurídica contra el PES dice mucho del momento político bajacaliforniano.
La equidad en la distribución del financiamiento es un argumento válido y necesario. Ningún partido debe recibir ventajas desproporcionadas. Pero el episodio exhibe que los partidos opositores no sólo compiten contra el oficialismo, sino entre ellos mismos por quién queda vivo rumbo a las próximas elecciones.
Los partidos políticos se convierten en franquicias económicas que luchan por sobrevivir ante el repudio de los mexicanos. Lejos están de ser institutos políticos que promuevan la democracia y la participación representando todas las formas de pensamiento. La degradación de la política mexicana es evidente.
Mientras tanto, el PES de Hank pierde fuerza financiera y el PRI, el ex partido del hankismo, gana en el discurso. MORENA, mientras tanto, desde el trono del poder, observa cómo sus adversarios se desgastan solos.
Ahí está la paradoja, lo que es una victoria legal para el PRI termina fortalecimiento indirectamente (y como sabemos, en política no hay casualidades) al morenismo que en la oposición dividida se perfila para otro "carro completo" en 2027.
La oposición bajacaliforniana no tiene únicamente un problema de votos, sino también de confianza social, de coordinación entre los partidos y, por lo tanto, una lastimosa falta de un proyecto social real. Y mientras no resuelvan eso, seguirán hilando derrotas y luchando con el cuchillo entre los dientes para no desaparecer.
