Jueves 02 de julio de 2026
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TINTA DE LA CASA

OCHO AÑOS DE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN: UN LEGADO SOCIAL
El 1 de julio no es una fecha cualquiera, es el aniversario del triunfo del movimiento que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México. Aquel día en 2018 representó no solo el tirunfo de un candidato, sino de una etapa en la historia de México en la que se reordenó el poder, viejas élites quedaron atrás y el voto popular se convirtió en un mandato político. 

Este miércoles, cuando se cumplieron ocho años de aquel triunfo, la Cuarta Transformación sigue usando esa fecha como punto de origen, bandera y recordatorio de que, a pesar de las narrativas que buscan imponerse en las redes sociales, la mayoría de los mexicanos sigue apoyando al movimiento. 

En ese tenor, es destacable que Claudia Sheinbaum Pardo, heredera de ese movimiento político, haya elegido el aniversario para convertir al Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México en un instituto dedicado al ecosistema de la investigación y la docencia en nuestro país. 

El decreto le da a las revoluciones en México un nuevo valor para la historia, la memoria y al formación académica dentro del horizonte político de la Cuarta Transformación. 

Claudia Sheinbaum Pardo no sólamente conmemora el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, sino que lo institucionaliza, creando un nuevo espacio para estudiar enseñar y disputar el sentido de las transformaciones nacionales. 

El mensaje político que envía la Cuarta Transformación es que no quiere ser un convierno de sexenios, sino ser la escuela de las nuevas generaciones de político, tener archivo, pensamiento y formación intelectual para darle a la política mexicana el sentido social que antes de 2018 no existía. La memoria histórica tiene ya un nuevo sentido.
LO QUE SIGUE PARA EL T-MEC
Estados Unidos, gobernado por Donald Trump, tomó la decisión de ponerle fecha de caducidad al T-MEC y transformó la renovación anual del tratado en negociación permanente. 

Con esta medida, el acuerdo no muere, pero tampoco respira tranquilo. Seguirá vigente hasta 2026 y sujeto a revisiones anuales, por lo que habrá negociadores que esperen que la situación cambie con el cambio de gobierno estadounidense en 2028. 

Para México, el hecho tiene varias lecturas. Por un lado, las negociaciones que encabeza Marcelo Ebrard evitan el peor escenario como lo sería una ruptura inmediata que habría golpeado la inversión, las exportaciones y las cadenas productivas. Mientras que por el otro inicia para el país una partida larga, de una década, frente a un Estados Unidos que usa como presión política. 

El papel mexicano, entonces, será mantener la calma. No sobrereaccionar y defender las ventajas productivas del país, especialmente en la industria automotriz, y no aceptar reglas que lo conviertan en el patio trasero de país al norte. 

El plan mexicano deberá enfocarse en el mercado interno, buscar nuevos socios comerciales y demostrar que la integración regional con Estados Unidos y Canadá funciona mejor con cooperación con amenazas. 

De hoy a 2036, el T-MEC funcionará como un tablero abierto. Pero México tiene ventajas importantes, como ser indispensable para las cadenas comerciales de todo Norteamérica, eso deberá reforzarse con una estrategia económica a cargo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. 

Lo que sigue es una disputa política permamente, en la cual cada una de las partes deberá negociar potenciando sus fortalezas y disminuyendo, en la medida de lo posible, sus debilidades.