Jueves 16 de julio de 2026
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TINTA DE LA CASA

El aumento en la seguridad que no se presume, se sostiene

Cuando menos nos demos cuenta, ya se habrán cumplido dos años del gobierno de la Presidenta Sheinbaum. Un tercio del mandato que en temas prioritarios como la seguridad, está dejando números negros después muchos años donde las cifras solo iban en aumento. 

Hace poco el secretario, Omar García Harfuch presentó una lectura más amplia de la estrategia: una reducción de violencia que no depende solo de patrullajes o presencia policial, sino de inteligencia, decomisos, detenciones y golpes directos a las estructuras que sostienen al crimen organizado. En esa ruta, el secretario destacó resultados como la baja de 48 por ciento en homicidios dolosos entre septiembre de 2024 y junio de 2026.


El peso del mensaje de Harfuch está en que intenta mostrar una estrategia que no solo contiene, sino que desarma capacidades criminales. Más de 59 mil personas detenidas, casi 500 toneladas de droga aseguradas, más de 31 mil armas decomisadas y más de 2 mil 600 laboratorios clandestinos desmantelados forman parte de esa narrativa.

Narrativa que también fue presentada desde Baja California por el secretario de Seguridad Ciudadana, general Laureano Carrillo Rodríguez, quien informó la detención de más de 120 objetivos prioritarios entre noviembre de 2022 y julio de 2026. A nivel estatal, las autoridades reportaron una reducción promedio diaria de 20.9 por ciento en homicidios dolosos de enero a mayo de 2026, además de bajas en robo de vehículo, robo a casa habitación y extorsión.

El mensaje local empata con el federal: los resultados no vienen de acciones aisladas, sino de operativos permanentes, inteligencia y trabajo entre autoridades estatales, federales y municipales. Los datos conectan dos realidades: el de un país que busca demostrar reducción sostenida de violencia y el de un estado fronterizo que refleja esa estrategia en operativos concretos.


Conciencia tranquila y lealtad a México: Marina del Pilar se planta ante filtraciones
Marina del Pilar salió a hablar en uno de esos momentos donde el ruido político ya no permite demasiados matices. Lo hizo con una idea central: rechazar que haya traicionado a México o que haya entregado información que pusiera en riesgo la seguridad nacional.

Más que colocarse en el papel de víctima, la gobernadora buscó presentarse con la conciencia tranquila, como una mujer convencida de que sus actos no cruzaron ninguna línea y de que su lealtad al país no está en discusión.

La explicación de fondo apunta a una reunión que, según dijo, nació en medio del tema de la cancelación de su visa. Marina aseguró que confió de buena fe en su antecesor, Jaime Bonilla, quien le habría abierto la puerta a un encuentro con personas que se presentaron como agentes o intermediarios de autoridades estadounidenses. Hoy, con los audios difundidos y el contexto político encima, la gobernadora sostiene que aquello fue una trampa armada para grabarla, editar fragmentos y construir una narrativa en su contra.

En su mensaje, la mandataria no negó la conversación, pero sí el sentido que se le ha querido dar. Dijo que nunca entregó información confidencial, que no tiene acceso a información de seguridad nacional y que cualquier coordinación con autoridades de Estados Unidos se realiza por canales institucionales, como ocurre de manera cotidiana en una frontera como Baja California.

Incluso habló con cierta ironía cuando le cuestionaron si se consideraba haber sido víctima de una especie de “espionaje”, pero dejando claro que revisa acciones legales contra quienes pudieron hacerse pasar por autoridades o atribuirse facultades que no les correspondían.

Al final, Marina quiso cerrar el episodio regresando al terreno que más le interesa defender: su responsabilidad como gobernadora. Dijo que no permitirá que una venganza personal o política la distraiga del trabajo con la gente, de la seguridad y del combate al crimen organizado.

Su mensaje fue que puede enfrentar señalamientos, filtraciones o nuevos fragmentos, pero que sus convicciones siguen en el mismo lugar: no traicionar a México, no traicionar a Baja California y seguir gobernando hasta el último día.