Martes 21 de julio de 2026
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TINTA DE LA CASA

El mensaje detrás de la caída del “Mayo”
Apenas el sol del lunes acariciaba el Nueva York sibarita de don Woody Allen y de las icónicas Carrie Bradshaw y Samantha Jones, cuando el fiscal Joseph Nocella soltó desde una corte federal un mensaje que cruzó la frontera de inmediato: el destino de Ismael “El Mayo” Zambada es morir en prisión.

Durante años, alrededor del viejo capo sinaloense se construyó una imagen mística, casi de don Corleone, de esas que Mario Puzo habría entendido muy bien: discreto, paciente y capaz de sobrevivir mientras otros caían entre traiciones, balaceras y excesos. Sólo que esta historia no terminó en una finca siciliana ni mazatleca, sino en una corte estadounidense.

Nocella fue directo al sostener que, con la cantidad de sangre que —afirmó— mancha las manos de Zambada, la cadena perpetua representa un castigo justo. Por si eso no fuera suficiente, la sentencia también incluye el decomiso de 15 mil millones de dólares.

Sin embargo, el verdadero mensaje va mucho más allá del “Mayo”. Washington está hablándoles a los grupos criminales mexicanos que durante años aprendieron a sobrevivir entre cambios de gobierno, guerras internas y pactos nunca del todo explicados.

Estados Unidos tomó a uno de los capos más poderosos y longevos de México y convirtió su condena en una exhibición pública para quienes todavía se sienten protegidos por sus fortunas, sus ejércitos o sus relaciones políticas.

A lo largo de décadas, el “Mayo” fue visto como el hombre que nunca caía, pero la sentencia rompió ese mito y elevó el costo simbólico para quienes todavía creen que el dinero, el poder territorial y los contactos bastan para comprar una salida.

Estados Unidos condenó a un capo histórico, pero, sobre todo, convirtió su caída en una advertencia para quienes ocupan o aspiran a heredar esos espacios dentro del crimen organizado.

La cadena perpetua contra Zambada dejó claro que el próximo mensaje puede llevar cualquier otro nombre, pues los capos podrán controlar ciudades enteras en México, repartir miedo y sentirse dueños del territorio, pero, una vez en manos de Estados Unidos, todo ese poder quedará reducido a un número de preso, una puerta de acero y una celda de la que no volverán a salir.
Bonilla y la Divina Comedia Naranja
Quien anda con toda la vitalidad, como si en su cocol le hubieran puesto doble dosis de Centrum Silver, es el mismo Jaime Bonilla, que nomás percibe el olor de las elecciones y comienza a dejarse ver por aquí, por allá y en cualquier lugar donde pueda abrirse una puerta política.

Y es que, para muchos, el más alfa de “la Liber” parece andar ahora coqueteando con los fosfo fosfo de Movimiento Ciudadano. Y no, esta vez no fue el popular “presidente” Máynez quien selló un abrazo con Bonilla, sino el mismísimo Dante Delgado: CEO, líder moral y comandante supremo del partido que tiene como insignias a star talents del calibre de Samuel García, Colosio Jr., el propio Máynez y a cuantos se acumulen durante la semana.

Pero, retomando el tema de Bonilla, a sus 76 abriles sigue demostrando que es todo un Casanova de la realpolitik.

No por nada, desde que dejó de ser visto con los mejores ojos dentro de la 4T, comenzó a mover sus piezas con una estrategia al más puro estilo Kasparov, buscando que en los próximos comicios, cuando menos, pueda hacerle cosquillas al partido oficial.

En cuanto a la tertulia con don Dante, efectuada en los aposentos del exsenador —donde abunda la caoba y el nogal—, elementos de nuestro MOSSAD (Monitoreo de Operadores, Señales, Secretos, Alianzas y Divorcios políticos) nos dicen que ambos echaron la chorcha sobre los retos y escenarios políticos que se presentan de cara al futuro. Lo que, por supuesto, no tardó en generar interpretaciones sobre un posible acercamiento o incluso una eventual alianza frente a las diferencias que Bonilla mantiene con Morena.

Más tarde, el propio Bonilla presumió el encuentro en sus redes sociales. Y sí, oficialmente hablaron del presente y del futuro del país, pero en política pocas reuniones de ese nivel ocurren por simple cortesía, mucho menos cuando el tablero electoral comienza a calentarse.

Porque, siendo sinceros, no sería nada raro que Bonilla ya estuviera pensando en ponerle un poco de color naranja Hermès al rojo marxista del PT, para intentar darle хотя sea un poco más de viveza.

En una de esas, a Yuawi le puede tocar entonar una nueva versión que suene a: “Movimiento Bonilla, movimiento petista, oh, oh”.

Pero en fin… por el momento, Dante Delgado parece decidido a escribir su propia Divina Comedia naranja. La única duda es si Bonilla y los muchachos del PT llegarán como peregrinos… o terminarán descubriendo que, en política, el infierno siempre tiene un círculo reservado para los aliados de ocasión.