Jueves 23 de julio de 2026
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TINTA DE LA CASA

Burgueño marca la conversación política
En la teoría del buen Pedrito Bourdieu, el capital simbólico no es una medalla que alguien se cuelga frente al espejo, sino el reconocimiento, el prestigio y la legitimidad que una persona logra acumular dentro de un determinado espacio social.

Y cuando ese reconocimiento es compartido por los demás, deja de ser una simple percepción para convertirse en una forma de influencia.

En política, ese proceso suele anteceder al poder formal: primero cambia la manera en que los actores se comportan frente a un personaje y, mucho después, si las circunstancias lo permiten, llegan las urnas.

La más reciente encuesta de Enkoll para El Universal parece ofrecer una fotografía bastante clara de ese fenómeno.

Ismael Burgueño encabeza los principales indicadores de conocimiento, cercanía con la ciudadanía, honestidad, conocimiento del Estado y cumplimiento de compromisos, mientras Morena conserva una ventaja importante en la intención de voto por partido.

La medición coloca a Burgueño al frente en atributos que suelen ser mucho más difíciles de construir que la simple notoriedad. Una cosa es que la ciudadanía sepa quién eres; otra muy distinta es que asocie tu nombre con cercanía, honestidad o capacidad de cumplir compromisos.

Y ahí parece encontrarse, al menos por ahora, la principal fortaleza del alcalde de Tijuana.

Su posición tampoco surge de la nada. Haber sido alcalde de la ciudad más poblada de Baja California significa vivir permanentemente bajo los reflectores.

Así que volviendo al tema de las encuestas y su importancia, éstas no sólo registran preferencias, también modifican comportamientos, porque un buen resultado altera agendas, acelera reuniones, despierta adhesiones y obliga a los adversarios a recalcular estrategias.

Naturalmente, ningún sondeo gana elecciones. La historia política del país está llena de favoritos que terminaron convertidos en notas al pie y de aspirantes discretos que acabaron levantando la mano en la ceremonia del triunfo.

Sin embargo, también sería ingenuo reducir estos ejercicios a simples eventos sin consecuencias. Las percepciones sostenidas modifican alianzas, cambian prioridades, reordenan discursos y, en más de una ocasión, terminan alterando el comportamiento de quienes compiten por el mismo espacio de poder.

Ese es, probablemente, el hallazgo más interesante de la encuesta, porque más allá de los porcentajes, muestra que Ismael Burgueño dejó de ser únicamente un nombre dentro de una lista para convertirse en el principal punto de referencia de la conversación política rumbo a la sucesión estatal.

Quizá esa sea la mejor manera de entender a Bourdieu sin necesidad de abrir uno de sus libros. El capital simbólico no obliga a los demás a coincidir contigo, simplemente los obliga a tomarte en cuenta.

Y, al encabezar los principales indicadores de la medición de Enkoll, Burgueño parece haber acumulado justamente ese tipo de capital.

Marina rompe el silencio sobre Ruffo
Pasan los días y quien sigue despertando en modo Gregor Samsa es don Ernesto Ruffo Appel, al descubrir que su vida ha entrado de golpe en una de esas pesadillas donde nadie entiende bien quién escribió el libreto.

Y es que pareciera que Kafka se echó unas caguamas con unas costillitas de camarón como entrada, unos chamorros de pulpo para botanear y unos tacos gobernador como plato fuerte y, entre el éxtasis que le provocó semejante manjar, emanó este quilombo huachicolero por el que hoy se acusa al líder moral de los #RuffoBelievers.

Pero para darle más vuelo a este novelón, a la gobernadora Marina del Pilar le preguntaron en su mañanera qué sabía sobre el caso, respondiendo exactamente lo que le correspondía responder.

Entre la jiribilla, el colmillo y el expertise de varios compañeros del gremio que buscaban la de ocho, la mandataria recordó que se trata de una investigación federal, que el Gobierno del Estado no participa en ella y que será la Fiscalía General de la República la encargada de informar los avances del proceso.

Incluso aseguró que la FGR “está haciendo un trabajo serio”, dejando claro que el balón se mantiene en aquella cancha.

Y, siendo francos, tampoco había mucho margen para otra respuesta. La investigación es federal, el expediente está en manos de la FGR y cualquier otra declaración habría significado entrar a un terreno que, simplemente, no le corresponde al Gobierno del Estado.

Por si no fuera suficiente, y como si a esta historia todavía le faltara dramatismo, ayer miércoles apareció otro capítulo cuando la Unidad de Inteligencia Financiera congeló las cuentas bancarias del exgobernador Ruffo, mientras comparecía ante una jueza de control por los señalamientos relacionados con el huachicol fiscal.

De manera simultánea, en la política bajacaliforniana comenzó otro espectáculo que suele avanzar a la par de cualquier proceso judicial: el de la amnesia selectiva.

Porque los que durante años presumieron fotografías con don Ernesto como si fueran estampitas del álbum Panini, hoy revisan sus galerías por si hay alguna imagen que consideren que no deba salir a la luz.

Primero Ruffo era “un referente histórico”, luego pasó a ser “una persona con la que coincidimos en algunos eventos”; después evolucionó a “creo que alguna vez nos saludamos” y, si el expediente sigue avanzando, no faltará quien termine preguntando si Ernesto Ruffo fue gobernador o vocalista suplente de un conjunto de música norteña.

Por ahora, Marina dejó el asunto donde corresponde y será la FGR la que deba sostener con pruebas sus señalamientos, mientras la defensa de Ruffo responde ante los tribunales.

Lo demás seguirá ocurriendo en ese universo paralelo donde los expedientes avanzan a una velocidad y las amistades políticas desaparecen a otra mucho más rápida.

Lo que sí, es que más de uno debe traer a Bad Bunny en la cabeza, nomás que con una ligera modificación: “Debí borrar más fotos”.