¡Enlace copiado!
TINTA DE LA CASA
El continente dobló a la derecha
Durante años, buena parte de la izquierda latinoamericana pareció asumir que el viento político continuaría soplando de su lado.
Pero el péndulo regresó y algunos todavía buscan una explicación externa para no admitir que el mapa también cambió por desgaste propio.
Apenas ayer martes, Keiko Fujimori asumió la Presidencia de Perú después de imponerse por una diferencia mínima en una elección que dejó al país partido en dos.
Su llegada no representa un episodio aislado, sino otra pieza de un mapa continental que comenzó a teñirse de tonos conservadores ante el cansancio por la inseguridad, el estancamiento económico y gobiernos progresistas que prometieron transformar la historia.
En Colombia ganó Abelardo de la Espriella, un abogado de derecha respaldado por Donald Trump. En Chile gobierna José Antonio Kast, ubicado en la extrema derecha, con una agenda de control migratorio, seguridad fronteriza y reducción de impuestos.
Daniel Noboa, “El asalta embajadas”, busca mantener en Ecuador una línea de mano dura contra el narcotráfico, mientras Nayib Bukele, con esa pinta de villano de novela grabada en Miami y transmitida a las tres de la tarde, convirtió las cárceles y el despliegue militar en el principal escaparate de su gobierno.
Y en Argentina aparece Javier Milei, el “Wolverine de la Patagonia”, quien cada mañana parece desayunar mate con limaduras de adamantium antes de salir a combatir economistas keynesianos y despotricar contra la “casta” política, provocando hasta la excitación en empresarios mexicanos, como lo hace con Ricardo Salinas Pliego.
Son gobiernos distintos, con resultados, riesgos y excesos que deberán medirse por separado. Sin embargo, comparten una narrativa: cercanía con el discurso de Trump.
Naturalmente, ese nuevo clima político también ha encontrado entusiastas fuera de los gobiernos. Y como toda corriente política que se respete, también ya tiene a sus apóstoles.
En México, uno de los más entusiastas es el divo tamaulipeco y ferviente guadalupano José Eduardo Verástegui Córdoba, exintegrante de Kairo, cantante de “Ponme la multa”, exmodelo de trusas Calvin Klein y campeón del celibato en Iberoamérica y el Caribe, quien con tal de ponerse en plan de Dr. Lucio Malaver, cita a Platón, y recita de memoria la Biblia, para tratar de darle con todo a la socialdemocracia.
Como lo vemos, no se trata únicamente de personajes fascinados con el nuevo clima ideológico, sino de una corriente que comienza a ocupar espacios reales de poder y a modificar el discurso político de la región.
La derecha avanza, pero no porque haya descubierto una fórmula infalible. Avanza porque una parte de la izquierda se volvió arrogante, ineficaz y, en casos como Nicaragua, abiertamente autoritaria mientras seguía llamándose revolucionaria.
En pocas palabras, el continente no cambió de identidad de la noche a la mañana. Simplemente comenzó a cobrar facturas.
El problema es que, en esta región, quienes llegan prometiendo corregir los abusos del adversario suelen tardar muy poco en enamorarse de sus propias tentaciones.
Y sí, el péndulo puede cambiar de dirección sin dejar de ser un péndulo. Hoy golpea a la izquierda, mañana podría regresar con la misma fuerza contra una derecha que confunda respaldo popular con permiso absoluto.
Al final, América Latina no necesita nuevos mesías ni castidad, necesita gobiernos que entiendan que ganar una elección concede un mandato, no una escritura de propiedad sobre el país.

El operativo federal que ya puso a temblar a muchos en BC
“Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”, dice el viejo y sabio refrán, del que no hay duda alguna debió provocar una súbita escasez de agua en más de una oficina pública de Baja California.
Para no pocos mexicalenses, la imagen evocó inevitablemente al tremendo Alonzo Harris, el detective ficticio de Training Day que Denzel Washington convirtió en uno de los policías más memorables del cine.
No por la exactitud con los hechos que hoy se investigan, sino por lo que aquel personaje representaba a través de la percepción de poder, la sensación de que el uniforme y las conexiones podían volver intocable a quien los portaba.
Y justamente esa percepción es la que un operativo de esta naturaleza pone a prueba.
La detención de Pedro Ariel Mendívil trasciende su situación jurídica personal. Quien dirigió la Policía Municipal de Mexicali y también ocupó responsabilidades dentro de la Fiscalía enfrenta imputaciones por presunta desaparición forzada, asociación delictuosa y robo de vehículo.
Son acusaciones de enorme gravedad, pero continúan siendo presuntos. Ya será un juez quien determine si las pruebas acreditan alguna responsabilidad.
En cuanto a la lectura política, ésta se encuentra en otro terreno, y es que la participación coordinada de la Fiscalía General del Estado con la Secretaría de Defensa, la Marina y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, a cargo de Omar García Harfuch, demuestra que la Federación decidió elevar el tono de su presencia en Baja California.
En ese tablero, la figura de García Harfuch al frente de la SSPC no aporta únicamente el peso institucional de la Federación, sino también un estilo basado en la inteligencia operativa, la precisión quirúrgica y una ejecución fría y pragmática de la seguridad pública. El mensaje es que los cargos, las placas y las antiguas cercanías con el poder ya no funcionan necesariamente como salvoconductos.
Hasta ahora, ese es el mayor valor político del operativo que vino a acalambrar a más de uno, y lo hace en una entidad donde durante años se alimentó la percepción de que ciertos personajes se movían por encima de cualquier consecuencia.
Sin embargo, falta lo esencial, porque la magnitud final del golpe se medirá por la capacidad de las autoridades para sostener sus acusaciones con pruebas y resistir cada recurso de la defensa.
Mientras tanto, desde este miércoles, en más de una oficina pública de Baja California habrá quien escuche el timbre, mire de reojo la puerta y corra a abrir la llave del lavabo.
Y no será precisamente para lavarse las manos, esa costumbre ya la conocen.
