Jueves 30 de julio de 2026
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TINTA DE LA CASA

Marina deja el conflicto y lo pone en manos de las autoridades
Ethan Hunt aprendió demasiado tarde que las misiones más peligrosas nunca eran las que organizaba el enemigo. Las realmente letales eran las que le proponía alguien de su propio equipo.

Mission: Impossible convirtió aquella traición en uno de los giros más memorables del cine, pero también dejó una enseñanza que la política mexicana parece empeñada en confirmar una y otra vez: las encerronas más efectivas casi siempre empiezan con una recomendación.

Eso es, en esencia, lo que Marina del Pilar Avila Olmeda asegura que le ocurrió cuando aceptó reunirse con un hombre que, según contó a El País, le fue recomendado por el exgobernador Jaime Bonilla bajo la promesa de hablar sobre el problema de su visa estadounidense.

La conversación, sin embargo, tomó otro rumbo cuando, según relata la gobernadora, comenzaron a hablarle de cargos, sanciones, extradición y otros escenarios que, hasta ese momento, asegura desconocer.

Lo describió como una “emboscada psicológica”, confesó que pensó de inmediato en sus hijos y admitió que recibir a aquella persona fue un error.

Más allá de si esa reunión termina convirtiéndose o no en un asunto judicial, existe un detalle difícil de ignorar: alguien decidió grabarla, conservar ese material y esperar el momento oportuno para hacerlo público.

Esa secuencia, por sí sola, explica por qué Marina sostiene que nunca fue una conversación espontánea, sino un encuentro cuidadosamente preparado.

Bonilla rechaza haber tendido una trampa y niega las acusaciones de la gobernadora, aunque la relación entre ambos hace tiempo dejó de parecer un desacuerdo político ordinario.

Toda guerra política tiene un momento en que el poder deja de ser el premio y el adversario se convierte en el objetivo. Fuego contra fuego, la obra maestra de Michael Mann, retrató ese punto de no retorno; el conflicto entre Marina y Bonilla hace tiempo parece haber entrado en esa fase.

Pero en medio de esa guerra de filtraciones y agravios, Marina ha conservado algo que suele perderse primero cuando la política se vuelve personal… el control del tono.

Mientras del otro lado abundan las amenazas y las promesas de confrontación perpetua, ella ha optado por reconocer su error, presentar una denuncia y dejar que sean las autoridades las que determinen responsabilidades.

La gobernadora, por lo pronto, parece haber entendido que el problema ya no consiste únicamente en defenderse de una filtración, sino en gobernar mientras alguien intenta convertir cada uno de sus errores en sentencia.

Bonilla, en cambio, luce cada vez menos interesado en disputar una versión de los hechos que en asegurarse de que el pleito no termine nunca.

El video difundido esta semana, donde el exmandatario afirma que dedicará el resto de su vida a confrontarla, difícilmente ayuda a rebajar la temperatura de un conflicto que ya rebasó el terreno de las diferencias administrativas.

MORENA, por conducto de su dirigencia nacional, volvió a pedir respeto, cordialidad y unidad, mientras la denuncia presentada por Marina seguirá su curso y serán las autoridades las que determinen quién grabó aquella reunión, quién filtró los audios y con qué propósito.


Call-Alito te ves más bonito
Quien se quedó con cara de “¿por qué tan caro el kilo de bótox?” fue el senador Alejandro “Alito” Moreno, uno de los últimos ejemplares de la etapa PRIcámbrica de la política mexicana, siendo de los que todavía cree que repetir una consigna hasta el cansancio equivale a construir una verdadera oposición.

Y es que resulta que el INE, a través de la Comisión de Quejas, le ordenó dejar de llamar “narcopartido” a MORENA, y retirar publicaciones con esa expresión, misma que se había convertido en su principal herramienta discursiva, como vil osito cariñosito al que le tocas la panza y repite lo mismo una y otra vez.

Pa’ pronto, el facho campechano más alfa del Caribe respondió como acostumbra, poniéndose fiero, denunciando censura, autoritarismo, complicidad institucional, lanzando la advertencia de que llevará el caso hasta organismos internacionales, donde viendola bien, lo único que presumiria serían las bondades (es un decir) del ácido hialurónico.

Pero bueno, el problema para Alito no es únicamente que ya no pueda repetir la etiqueta desde las cuentas oficiales. El verdadero reto comienza ahora, cuando tendrá que intentar sostener sus críticas con argumentos, pruebas y propuestas, un terreno que parece no conocer.

Hasta ahora le había funcionado mejor la provocación, soltaba la frase, agitaba las redes, conseguía algunas entrevistas y volvía a empezar.

México, sin embargo, ya parece haber desarrollado anticuerpos contra ese modus operandi y, como resultado, cada nuevo pronunciamiento, ya sea del susodicho, de Bully Téllez, de Xochimeme Gálvez o de Ricardashian Anaya, genera menos sorpresa que el anterior, mientras cada advertencia apocalíptica dura menos en el imaginario colectivo; tal vez demasiado poco para convertirse en arquetipo, como diría el buen machuchón de Carl Jung.

No será raro que Vandalito, como cariñosamente lo apodan sus amigos, ahora busque reflectores fuera del país, sólo que le digan que no le cuenta sus penas al Dr. Robert Rey, de Dr. 90210, y que se dedique a buscar buenos foros.

Mientras tanto, Morena debe andar más colmilludo que tahúr de cantina, porque de tanto que le llueven acusaciones, etiquetas, denuncias y campañas, el partido oficialista ya está en modo Vozinha y logra contrarrestar todo ataque.

A fin de cuentas, y pese a lo que diga Alito, (que sueña con ser presidente de México y convertirse en el auténtico Dorian Grey de la polaca nacional), el INE no le prohibió ejercer oposición ni presentar denuncias, lo que restringió fue el uso de una expresión específica en determinadas publicaciones. Que sea respetuoso, pues.

Quizá termine consiguiendo algunas entrevistas, suplicando hacer ruido para que el Orange POTUS lo voltee a ver y, en una de ésas, hasta queriendo hacer una fusióóóón tuitera con la oposición internacional.

Y quién sabe, en una de ésas, entre tanto viaje internacional, hasta encuentre un lugar donde el kilo de bótox salga más barato.