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TINTA DE LA CASA
MORENA mueve el calendario y reabre la pelea por miles de cargos
La dirigencia nacional realiza una labor titánica para mantener en pie las pre-pre-campañas rumbo a 2027, con un corral electoral donde todas y todos ya se sienten Max Verstapetatiux, aunque varios todavía no les alcance ni para comprarle a su auto un Vainillo Cotorro.
Y es que se dieron cuenta de que iniciar las designaciones un año antes solamente abre la caja de Pandora y, a día de hoy, todos los planes ya están teniendo que cambiar.
Confiaron de más en su proceso interno, y el registro de aspirantes estatales generó un fuego amigo que obligó a Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, a procurar que los aspirantes se den el saludo de paz y dejen los golpes por debajo de la mesa, que ni don Manzanero hubiera adivinado.
A eso hay que sumarle que la renovada derecha latinoamericana y de todo el mundo está ejerciendo cada vez más presión para que México se sume a esa tendencia, utilizando cada vez más actores políticos de la derecha mexicana, como RicarDior Salinas y Vand-Alito Moreno.
Curiosamente, el citado jeque del botox, particularmente, parece dispuesto a cruzar el Río Bravo con moño tricolor, cascabel de campaña y una carpeta de denuncias bajo el brazo, esperando que en Washington le rasquen la panza diplomática como osito cariñosito y le entreguen una galletita de democracia.
Pero “haiga sido como haiga sido”, MORENA ya no pudo entregar la tarea a tiempo. Apenas ayer lunes 3 de agosto estaba pactado iniciar el registro para los aspirantes a diputados federales y, el 21 de septiembre, serían los registros para los miles de municipios que renovarán ayuntamientos.
No se trata de un ajuste menor: mover las fechas prolonga la incertidumbre, ensancha la lista de competidores y obliga a quienes ya se sentían elegidos a regresar a la fila.
Ahora, la Comisión Electoral del partido informó que, mejor, ambos registros quedarán definidos para finales de agosto, una forma elegante de anunciar que el calendario se espantó y salió corriendo entre tanto urgido.
Y como tampoco se han podido definir requisitos ni convocatorias, las plazas estarán igual o más peleadas, pues todavía existe la posibilidad de que quienes no pasen el filtro en la coordinación estatal ( y les hagan ¡Cataplummmm!) puedan sumarse a buscar una diputación o coordinación municipal.
Hasta el momento, no se ha mencionado algo sobre los seis finalistas estatales, tampoco sobre el arranque de las encuestas que perfilarán al coordinador final; ya ni hablar de las alianzas en cada entidad, ese tianguis sentimental donde todos preguntan cuánto les toca antes de averiguar con quién deberán tomarse la fotografía.
Así las cosas con este proceso de MORENA rumbo a las elecciones más grandes de nuestro país, con mucho cacareo alrededor del corral y varios jilgueros que andan calculando quién alcanzará a quedarse con la mejor tajada.

El club de los intocables pierde socios
Como si fuera deporte nacional, en México terminamos aprendiendo una larga serie de apodos aunque jamás nos propongamos memorizarlos.
Pareciera que preferimos mantener identificados, dentro de nuestro campo semántico, a personajes cuyos sobrenombres son más silvestres que los que inventaba Enrique “El Perro” Bermúdez.
Y es que para nadie es un secreto que los criminales han ocupado durante tantos años la conversación pública que sus alias suelen recordarse mejor que las enseñanzas del libro del temible Aurelio Baldor.
Se colaron en los noticieros, en los corridos, y en las sobremesas de mariscos. Y en algunos casos, incluso terminaron incorporándose al imaginario colectivo más pipirisnais, hasta convertirse en una especie de santoral oscuro que nadie pidió, pero que todos acabamos conociendo como si fueran las antítesis de Jacob Elordi en una especie de Cumbres Garraspoñozas.
Así, en fechas recientes han vuelto a circular nombres como “El Chavo Félix”, “El Jardinero”, “El Yukito”, “R1” y “La Quiringua”.
La diferencia es que varios de esos alias comenzaron a aparecer acompañados por una palabra que durante demasiado tiempo parecía reservada para los operadores de tercera fila: capturado.
A su vez, el caso de Nemesio Oseguera Cervantes pertenece a otra dimensión. “El Mencho” no era una pieza más del tablero, sino uno de los nombres alrededor de los cuales se organizó buena parte del mapa criminal contemporáneo. Su abatimiento durante el operativo federal en Tapalpa significó la caída de una figura que durante años pareció vivir bajo una póliza de intocabilidad renovable automáticamente.
Sería importante dimensionar que la administración de Claudia Sheinbaum ha construido buena parte de su narrativa de seguridad alrededor de una sucesión de detenciones, operativos y golpes contra estructuras criminales.
No solamente contra el muchacho que vigilaba la esquina o el encargado de esconder las armas, sino contra perfiles vinculados con mando, finanzas, sucesión y control territorial.
La lista difundida por el gobierno incluye golpes contra estructuras relacionadas con Los Chapitos, el CJNG, Mayiza y otras organizaciones.
También aparecen nombres que durante años se movieron dentro del imaginario nacional como si tuvieran membresía vitalicia en el club de los intocables.
Eso modifica la percepción, pero todavía no transforma por completo la realidad.
El crimen organizado tiene la desagradable costumbre de reproducirse de una manera por demás caótica, donde si cae el dirigente, se pelean las tribus y siempre aparece alguien dispuesto a quedarse con la oficina, el sello y la caja chica.
Por eso, el verdadero resultado se debe de palpar en las siguientes semanas, con menos homicidios, menos extorsiones, menos desapariciones y menos familias obligadas a cerrar un negocio o abandonar su comunidad.
Sheinbaum y Harfuch ya lograron algo políticamente importante, en el que varios nombres temidos dejaran de parecer eternos.
El club de los intocables con apodo pierde socios, pero no hay que echar las campanas al vuelo, porque el trabajo sigue y habrá quien quiera ostentar un apodo para desvirtuarse de su nombre.
