Miércoles 07 de octubre de 2026
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TINTA DE LA CASA

Burgueño pone a Tijuana en guardia ante el fantasma de 1993
La memoria de Tijuana tiene capítulos escritos bajo el agua, particularmente las tormentas de 1993 y las lluvias asociadas con “El Niño” en 1998, que dejaron muertos, deslaves, viviendas destruidas y una ciudad enfrentada a sus propias vulnerabilidades.

Aquellas tragedias enseñaron algo que durante años pareció perderse entre administraciones.

Nos dejó en claro que una emergencia meteorológica no comienza cuando se desborda un canal, sino semanas antes, cuando todavía existe tiempo para limpiar, revisar maquinaria, preparar refugios y establecer con claridad qué deberá hacerse si el pronóstico termina por cumplirse.

Bajo esa lógica, la decisión de Ismael Burgueño de colocar al Ayuntamiento en Estado de Prealerta y mantener abierta la sesión del Consejo Municipal de Protección Civil ante los escenarios asociados con El Niño, se convierte en una medida que tiene un valor de gestión, porque sustituye la vieja costumbre de administrar consecuencias por la responsabilidad de anticiparlas.

Su gobierno está poniendo a trabajar desde ahora a Protección Civil, Bienestar, delegaciones, Seguridad y Desarrollo Territorial bajo un mismo esquema de coordinación, con responsabilidades que incluyen el monitoreo de zonas vulnerables, preparación de albergues, desazolve, limpieza de puntos críticos, disponibilidad de maquinaria, cierres preventivos y eventuales evacuaciones.

Burgueño parece haber entendido una particularidad fundamental de la ciudad que gobierna, porque Tijuana no puede darse el lujo de improvisar frente al agua cuando buena parte de su crecimiento ha ocurrido entre cañones, pendientes y laderas que obligan a mirar cada temporada de lluvias con una seriedad distinta.

Una tormenta intensa puede encontrar viviendas en zonas vulnerables, vialidades convertidas en cauces y comunidades donde la capacidad de respuesta termina dependiendo de la coordinación conseguida antes de la emergencia y no de los discursos pronunciados cuando el problema ya está encima.

También hay una decisión administrativa relevante detrás de la prealerta, pues el acuerdo contempla revisar las condiciones de la maquinaria disponible en las delegaciones y realizar las gestiones presupuestales necesarias para repararla y mantenerla operativa, un asunto que podría parecer menor hasta que una retroexcavadora detenida por falta de mantenimiento hace falta frente a un deslave.

La prevención verdadera suele esconderse precisamente en esas tareas poco vistosas, pero que pueden marcar la diferencia entre una contingencia atendida oportunamente y una crisis que termina rebasando al gobierno.

El mérito de Burgueño estará en sostener esa coordinación durante las próximas semanas y conseguir que los acuerdos aprobados se traduzcan en capacidad real sobre el territorio, aunque haber comenzado antes representa ya una diferencia importante frente a la lógica reactiva que tantas veces ha acompañado las emergencias urbanas.
Marina del Pilar marca la ruta de sus últimos once meses
La política tiene esas temporadas en las que gobernar significa también aprender a caminar entre señalamientos, expedientes y adversarios que entienden perfectamente el valor de los tiempos.

Y la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, entró en esa etapa cuando faltan apenas once meses para terminar su administración, enfrentando una denuncia presentada por diputados federales del PAN ante la Fiscalía General de la República agregó

La mandataria calificó la denuncia como “politiquería”, la colocó dentro de los tiempos electorales y sostuvo que se mantiene “con la frente en alto, las manos limpias y la conciencia tranquila”.

No anunció cambios en su agenda ni abrió una confrontación prolongada con sus denunciantes, sino que eligió llevar la discusión hacia el terreno de los resultados con los que entregará la administración.

Para Marina del Pilar el desafío tiene entonces dos pistas que inevitablemente correrán al mismo tiempo durante los próximos meses.

Una estará en las instituciones encargadas de revisar cualquier señalamiento que corresponda y la otra permanecerá en Baja California, donde su administración todavía tiene once meses de decisiones, pendientes y resultados por entregar.

Y en su respuesta, Marina no parece dispuesta a convertir el cierre de su gobierno en una larga defensa personal.

Por el contrario, ha decidido seguir gobernando mientras las instituciones hacen lo que les corresponde.

Sabe que en política, once meses pueden parecer el final de una historia, pero también pueden terminar marcando el rumbo de obras sociales y el mejoramiento en la vida de aquellos que integran los sectores más vulnerables de Baja California.