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Elmo Renista
LA DOBLE MORAL DE JULIETA RAMÍREZ: GANA 132 MIL Y JUZGA ALTOS SALARIOS DE DIPUTADOS LOCALES
En Tik Tok, la senadora Julieta Ramírez hace lo posible para vestir el traje de la austeridad, pero si los ciudadanos se fijan bien que a dicha prenda se le descosen las costuras por la incongruencia de la legisladora de la Cámara Alta por Baja California.
Recientemente, se le ocurrió decir que los congresos locales, como el bajacaliforniano, salen muy caros. A Julieta se le olvidó decir que un diputado local gana alrededor de 70 mil pesos mensuales y ella, como senadora, percibe una dieta mensual de 132 mil según el Manual de Remuneraciones de las Senadoras y Senadores, publicado en el Diario Oficial de la Federación apenas el pasado 27 de febrero. Es decir, gana casi el doble.
Tamaña declaración solo puede explicarse en el contexto de su desesperada carrera por la gubernatura de Baja California. Parece ser que la senadora ha encontrado en el costo de los congresos locales un tema para explotar. Pero en su intento tiene varios puntos en contra.
Primero, ni siquiera fue una preocupación suya, esa inquietud la puso en la agenda pública la dirigente nacional de MORENA, Luisa María Alcalde Luján, por lo que no su postura no es vista como un malestar sincero de la senadora, sino como la aparición de un viejo conocido: el oportunismo electoral.
Segundo, detrás de su discurso hay una contradicción importante: Ramírez denuncia lo que gasta el congreso bajacaliforniano, pero ella usa esa estructura política para sur propios fines.
¿Con qué cara exige adelgazar la nómina legislativa cuando sus aliados más cercanos, como su exsuplente Michelle Tejeda y su incondicional Jaime Cantón, son quienes hoy cobran y operan en el Congreso del Estado?
Julieta quiere enflacar lo que gasta su propio grupo de aliados. Se trata, a todas luces, de un doble juego en el que usa una mano para tirarle la piedra a la misma gente a la que saluda. Mal movimiento.
Pero no hay duda que el mayor insulto a la inteligencia de los bajacalifornianos es el techo de cristal desde el que lanza sus pedradas. La senadora critica los sueldos de los diputados locales en México desde la comodidad de sus ingresos como senadora; su dieta mensual es de 132 mil pesos. Tampoco conviene olvidar que el Senado de la República tenía hasta hace no mucho un salón de belleza dentro de sus propias instalaciones. En fin, "la hipotenusa".

Hoy, Julieta Ramírez, le guste o no admitirlo, pertenece a la élite burocrática del país. Es muy fácil pedirle sacrificios y amarrarse el cinturón a los congresos locales cuando ella vive en la opulencia de la Cámara Alta. Lo de Julieta no es convicción, más bien se parece mucho al cálculo electoral que manda al segundo lugar la congruencia para ver si le alcanza en su ambición electoral. Definitivamente no parece una buena apuesta.
MARINA DEL PILAR ATERRIZA VISIÓN CULTURAL DE SHEINBAUM POR LA PAZ DE BAJA CALIFORNIA
Cuando un gobierno decide que un concierto sin costo para la población será el punto de partida de una estrategia nacional, el mensaje es claro en cuanto a que la cultura es una llave para la acción gubernamental.
El anuncio de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda de que el cantante Carín León abrirá en Tijuana el Circuito Nacional de Festivales por la Paz revela una apuesta estratégica para conectar al gobierno de Baja California con la agenda nacional de Claudia Sheinbaum.
Entonces no se trata únicamente de un espectáculo musical, sino más bien una representación del enfoque que la 4T ha querido posicionar: la paz es producto tanto de la justicia como de los deseos de la comunidad.

En ese marco, la gobernadora ha adoptado y materializado ese discurso. Su gobierno ha insistido en que la seguridad no puede entenderse solo como una respuesta de los policías, sino como una acción social que pasa por espacios culturales, convivencia entre las personas y reconstruir el tejido social.
El Circuito Nacional de Festivales por la Paz contempla alrededor de 200 eventos en todo el país y busca precisamente llevar actividades culturales gratuitas a millones de jóvenes, convirtiendo el arte en un punto de encuentro.
Elegir Tijuana para arrancar la ruta no una simple casualidad. Es una ciudad fronteriza compleja, marcada por contrastes sociales y desafíos de seguridad, pero también por una intensa vida cultural.

La estrategia es clara. Si la violencia rompe familias y comunidades, la cultura puede reunirlas. La política debería ser, en todo escenario, una herramienta para reunir a la gente en el camino de la paz.