CONCIERTOS POR LA PAZ TIENEN ÉXITO A PESAR DE LA TENSIÓN
Hubo muchos que no quisieron que el arranque del Circuito Nacional de Festivales por la Paz en la Monumental de Playas saliera mal, pero, por el contrario, no solo fue un evento cultural multitudinario, sino que demostró que la estrategia del gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo es la adecuada.
Con la presentación de Carín León y miles de asistentes, el Gobierno de México puso a la cultura como forma adecuada de reconstruir el tejido social.
La convocatoria fue un éxito. La imagen proyectada fue de comunidad, convivencia y acceso gratuito a un evento cultural masivo.
Pero el contexto previo fue complicado. Días previos, grupos ciudadanos amagaron con protestas y bloqueos derivados de conflictos locales, particularmente en torno al proyecto del panteón en Santa Fe o inconformidades de la CNTE. El evento fue sometido a una alta presión política. Y aún así, contra vino y marea, sucedió.
Ahí radica la clave del caso Tijuana. En la ciudad morenista con más población en México, el festival no solo resistió la tensión, sino que la absorbió y fue la fuerza que le dio otro nivel al evento. La política no canceló la alegría de la gente, la potenció.
El resultado deja una lectura más profunda. Dice que la construcción de paz desde la cultura no elimina los pleitos, pero sí los contiene, les da una causa y logra que sean superados. Es la armonía que todos los mexicanos necesitamos.
En Tijuana, la paz no fue ausencia de diferencias entre los actores sociales. Fue la energía que le dio a los tijuanenses un momento de necesaria unidad.