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Elmo Renista

UNA ECONOMÍA ESTABLE: EL LEGADO DE SHEINBAUM A LA 4T
La certidumbre es una palabra que puso por delante la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en su mensaje de este miércoles ante más de cuatro mil empresarios en la asamblea de la CANACINTRA en Nuevo León, uno de los estados más prósperos de México.

Con ello, la líder del Gobierno de México y de la 4T ya dejó claro cuál es la prioridad de su gobierno en los discursos frente al sector privado, y, especialementre, frente a quienes producen riqueza en el país.

Y el momento en que la presidenta pronunció esas palabras tampoco es para nada menor. La revisión del T-MEC genera inquietudes relacionados con la economía y la presidenta Sheinbaum apunta a una estrategia de estabilidad muy necesaria.

La instalación de una mesa formal de trabajo no resuelve por sí misma las tensiones, pero sí envía la señal de que hay alguien conduciendo los destinos económicos de México.

A esto se suma un anuncio de alto calibre: 5.6 billones de pesos en inversión pública y mixta mediante una nueva ley de infraestructura.

Con este monto, Sheinbaum sostiene que el Estado mexicano coordina las políticas de infraestructura a toda regla. El Plan México, la bandera económica de la administración federal, refuerza esa lógica al apostar por la sustitución de importaciones y la producción nacional.

En paralelo, Sheinbaum introduce ajustes técnicos y al mismo tiempo con una alta relevancia política, como modificar al Código Fiscal para facilitar litigios empresariales, una señal directa al sector que históricamente desconfía de las áreas de Hacienda.

Más que un anuncio aislado, lo que este miércoles se mostró es la imagen de un control general, en la economía, en la seguridad y en un gobierno conjunto con el sector productivo que permite cerrar filas ante los retos que no vienen de México sino del exterior.
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RESPETO A LAS TRADICIONES Y CAPACIDAD DE DIÁLOGO: DECISIÓN DE BURGUEÑO EN SEMANA SANTA
Ajustar decisiones para beneficiar a la gente es una capacidad de no muchos gobernantes. En Tijuana, la decisión del alcalde Ismael Burgueño Ruiz, específicamente, en cuanto a exentar el cobro de permisos para actividades religiosas en Semana Santa es una muestra de sensibilidad política frente prácticas arraigadas en la vida comunitaria.

La medida no sólo elimina una barrera administrativa, sino que reconoce el valor social de las expresiones religiosas en la comunidad. Eso es una forma de gobernar junto a la gente, de comprender sus tradiciones y poner en primer lugar su identidad colectiva.

Sin embargo, toda decisión requiere ejecución y es ahí donde destaca el papel del secretario de Gobierno, Arnulfo Guerrero León, quien inmediatamente ejecutó un plan de coordinación con la Arquidiócesis de Tijuana para acuerdos concretos y vigilar orden, seguridad y certeza para los viacrucis que tendrán lugar el viernes 3 de abril.

Esto no es poca cosa, la decisión de Burgueño pasó por el trabajo de León y terminó en una política pública que contuvo una información falsa y la molestia de muchos grupos religiosos.

El resultado que se dio es una combinación. El alcalde prioriza la libertad de culto y la convivencia social, el secretario filtra la decisión con diálogo y organización con la iglesia católica tijuanense. Es una combinación que reduce tensiones, pone orden y seguridad y logra reforzar la legitimidad del gobierno de la ciudad.

Este caso va más allá de la decisión. Va más en el sentido de ajustar las políticas, hablar con la gente y resolver un problema. Al día de hoy, las asociaciones religiosas tijuanenses tienen certeza para sus actividades sin costo y, además, con seguridad y acompañamiento del gobierno.