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Elmo Renista

ISMAEL BURGUEÑO Y EL CÓNSUL: SEGURIDAD MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS
Son días en que la relación entre México y Estados Unidos cada vez es más tensa y Ciudad de México debe responder cada vez con más fuerza acusaciones y señalamientos de Washington D.C. Por eso, cuando un cónsul estadounidense se detiene a reconocer a un funcionario mexicano, y especialmente un alcalde de Tijuana, es señalar de trabajo y colaboración que parece más bien un oásis en medio del desierto. 

Decimos esto, amigo lector, porque las palabras de Christopher Teal hacia el alcalde Ismael Burgueño Ruiz no se vieron como una mera cortesía diplomática sino como una señal de que al norte de la frontera ven bien el trabajo de lpresidente muncipal. 

Sucede que el hecho de reconocer su liderazgo en materia de seguridad implica algo más que una felicitación. Es básicamente una validación internacional de que Burgueño es un interlocutor confiable, a pesar de gobernar una de las fronteras más complejas del mundo en uno de los momentos más complejos de la historia moderna. 

Entre Burgueño y Teal hay coordinación y, sobre todo, una agenda compartida con la seguridad escrita con mayúsculas en el centro de la página. En términos de gobernanza, esto coloca a Tijuana en la lógica de ser un actor activo en dinámicas binacionales.

Pero el reconocimiento no fue dicho porque sí. También habla de la voluntad política del propio Burgueño. Los esfuerzos que el cónsul agradece remiten a acciones concretas, a decisiones con costos políticos y responsabilidades en un tema que siempre está siendo observado por la gente. 

La ecuación a estas alturas es bastante clara. En el gobierno de Tijuana hay legitimidad externa y voluntad hacia dentro de las autoridades, especialmente de las relacionadas con la seguridad, que deja de ser un discurso y comienza a ser una política pública con respaldo binacional. Si la colaboración sobrevive a la Tormenta Donald, será porque los cimientos de Tijuana y sus autoridades soportaron los vientos.

CONTRADICCIONES EN MORENA: URGE UNIDAD MÁS ALLÁ DE LAS FOTOS
Cuando falta unidad en un partido político, se nota, y una de las situaciones en que se ve más claro es cuando las versiones y los discursos dejan de coincidir. Eso es exactamente lo que están pasando hoy Baja California, especialmente en lo que se refiere a la posibilidad de una alianza entre MORENA, Verde y el PT. 

Y esa historia de historias que no embonan la protagonizan Evangelina Moreno y Catalino Zavala. 

Por un lado, la diputada federal dice que la alianza a nivel nacional estable: no hay riesgo, no hay indicios, no hay problema. Más allá de las traiciones en la Reforma Electoral y el Plan B, el mensaje de la legisladora parece diseñado a contener la crisis. 

Por el otro lado, el vocero de Morena en el estado, Catalino Zavala, introduce una dosis de realidad que parece ser incómoda para algunos. Quién sabe rápidamente retomó una posición predominante en el partido, reconoce las diferencias locales entre los partidos de la alianza y advierte que es "muy difícil" que una alianza electoral se conrete en Baja California. 

Si bien algunos pueden decir que Moreno habla de la alianza nacional y Zavala de lo local, lo cierto es que el hecho de que tengan posturas tan diferentes dice que no se pusieron de acuerdo y se contradicen respecto a la imagen que le quieren dar a las personas que realmente nos interesamos por la realidad política. 

Mientras la representación federal quiere proyectar control, la vocería estatal admite que las condiciones políticas ya no garantizan la coalición. No hay, entonces, coherencia en el mensaje y eso debilita la capacidad de los líderes hacia sus militantes. Urge que muestren unidad y se pongan de acuerdo. 

El problema no es solo lo que se dice, sino lo que revela. Cuando un actor habla de certeza y otro de dificultad, la idea que surge es que están desarticulados. MORENA debe saber cuál es la postura que tomará, si negar el conflicto o amplificarlo. 

No se trata de si petistas, verdes y morenistas se alinearán en coalición, sino de que sus líderes tengan claro qué quieren y qué observan antes de declarar, de lo contrario más que ayudar terminan por perjudicar a un movimiento político que en sus años de existencia goza de plena legitimidad popular.